La selección de Irán hará su estreno oficial en la Copa del Mundo 2026 frente a Nueva Zelanda en el Estadio Los Ángeles, en un clima donde la rigidez diplomática y el ruido político amenazan con eclipsar el balón. El partido arrancará a las 22 (hora argentina).
El duelo, programado para el inicio de las acciones en el Grupo G, no es un partido más: se disputa en una ciudad apodada “Tehrangeles” debido a la enorme comunidad de la diáspora iraní, fuertemente enfrentada con el régimen de Teherán.
Una logística sin precedentes: “Juegas y te vas”. El camino del combinado asiático hacia su debut ha estado minado de obstáculos extradeportivos. Debido a las tensas relaciones bilaterales, el gobierno de los Estados Unidos rechazó otorgar visados a quince miembros de la delegación oficial, lo que obligó al “Team Melli” a mudar de emergencia su búnker de concentración. En lugar de establecerse en Arizona, el equipo fijó su campamento base en Tijuana.
Bajo estrictas medidas de seguridad, los futbolistas iraníes operan bajo un protocolo inédito: vuelan desde territorio mexicano solo unas horas antes del compromiso, disputan el partido y deben abandonar el suelo estadounidense de forma inmediata sin posibilidad de pernoctar en el país.
AMENAZA DE RETIRAR AL EQUIPO ANTE PROTESTAS
La tensión también se trasladará a las tribunas del SoFi Stadium. Ante la previsión de masivas manifestaciones por parte de opositores políticos dentro del estadio, las autoridades del fútbol de Irán lanzaron una severa advertencia: el ministro de Deportes, Ahmad Donyamali, y el presidente de la federación, Mehdi Taj, exigieron a la FIFA que se prohíba cualquier símbolo o bandera ajena a la versión oficial de la República Islámica, advirtiendo que ordenarán retirar al equipo de la cancha si se detectan cánticos o consignas hostiles.
A pesar del entorno convulso, Irán llega en un buen momento deportivo, ocupando el puesto 20 del ranking FIFA tras victorias en amistosos recientes contra Costa Rica, Gambia y Malí
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