El entrenador argentino Mauricio Pochettino vivió una jornada de desahogo y euforia en el Mundial 2026, después de que Estados Unidos venció 2-0 a Bosnia y Herzegovina y se clasificó a los octavos de final, donde se enfrentará a Bélgica.
El seleccionado anfitrión consiguió una victoria sólida en el San Francisco Bay Area Stadium, en Santa Clara, y dio otro paso importante en su sueño de dejar de ser solo uno de los organizadores de la Copa del Mundo para empezar a probarse el traje de candidato.
Apenas sonó el pitazo final del árbitro brasileño Raphael Claus, Pochettino comenzó a saltar de alegría, cruzó corriendo el campo de juego, sorteó los carteles de publicidad y se acercó a los hinchas estadounidenses ubicados en la platea.
El técnico santafesino intercambió apretones de mano y gestos de satisfacción con los fanáticos, en una escena que reflejó el fuerte vínculo que empezó a construir con el público local durante el torneo.
Estados Unidos ganó con goles de Folarin Balogun y Malik Tillman, aunque debió jugar parte del segundo tiempo con un futbolista menos por la expulsión del propio Balogun.
Pese a esa dificultad, el equipo de Pochettino sostuvo la ventaja, mostró carácter y terminó sellando la clasificación con un gran tiro libre de Tillman.
Tras el encuentro, el entrenador argentino valoró el rendimiento de sus dirigidos y destacó la fortaleza colectiva del equipo.
“Competimos contra un rival muy bueno y muy difícil”, expresó Pochettino ante la transmisión oficial del partido.
Luego agregó que estaba “orgulloso” de sus futbolistas y remarcó: “Esto fue lo que buscamos desde el principio, competir”.
El ex entrenador de Tottenham, PSG y Chelsea también elogió a Tillman, autor del segundo gol estadounidense cuando el equipo ya jugaba con diez hombres: “Fue increíble, es un gran jugador, con un gran talento. Está haciendo un gran Mundial, como todo el equipo”.
Pochettino consideró que la expulsión de Balogun puso a prueba el temple del plantel y obligó a Estados Unidos a demostrar madurez en un momento límite.
El triunfo tuvo un valor histórico para Estados Unidos, que volvió a ganar un partido de eliminación directa en una Copa del Mundo y mantiene viva la ilusión ante su gente.
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