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La Selección y esa virtud de ganar sin brillar pero sufriendo demasiado

Otra vez tuvo un peligroso bajón y fue al alargue con Suiza. Lo salvó Julián Álvarez en el final con un gol de otro planeta

La Scaloneta y todo un país tendrá el partido más esperado del mundial. El que no salta es un inglés...

Por Redacción

Para gozar hay que saber sufrir. Y este equipo lo sabe muy bien. Perfecto. Mejor que nadie. En este Mundial, en el cual la placa no brilla como antes pero encandila con la misma fuerza, dio una muestra clara de eso. Anoche en Kansas, en tal vez su partido más flojo, superó 3-1 a Suiza en el alargue para meterse en semifinales. El recreo que se tomó, como en otros partidos, fue demasiado largo y peligroso.

En el primer tiempo jugó un ratito nomás. Como si pudiera descansar trotando la cancha (en el buen sentido) sabiéndose superior a su rival. Argentina fue mucho más que Suiza, por eso, porque no tuvo que arremangarse o entregar el 100 por ciento para ganar. No hizo falta. Ese ratito casi lo deja en la siguiente ronda.

En el arranque le dio la pelota a su rival como para tantearlo. En cinco minutos se dio cuenta que era inofensivo y cuando se decidió a presionar bien alto generó un par de tiros de esquina, ya con Lionel Messi como bandera y generador de esos ataques, principalmente por la banda derecha.

El primer tiro de esquina recorrió toda el área y casi termina adentro del arco pero la rechazó un rival. De ese segundo córner, con Messi como dueño de la pelota parada, apareció el tablero de Scaloni: Alexis Mac Allister primereó en el vértice del área para estampar de cabeza el 1-0 cuando el reloj ni marcaba los 10 minutos. Importante bajarle la tensión que sí hubo ante Cabo Verde y, principalmente, ante Egipto. Bajaron mil puntos la pulsaciones de los millones de argentinos en Kansas, Estados Unidos en general y la Argentina en especial.

Esta vez ni fue Messi quien salvó a la Selección, sino que fue Julián Alvarez

Después Suiza manejó la pelota. Una vez recuperó ante la floja salida de Rodrigo De Paul y apareció la figura de Emiliano Martínez. No fue nada extraordinario, pero si había alguien que lo cuestionaba se tuvo que guardar esos comentarios. El arquero ganó de arriba dos veces y salió rápido para atorar a Embolo, que no pudo hacer nada. Argentina se fue al vestuario con la tranquilidad de saber que le alcanzaba, al menos hasta ese primer tiempo, para ganarle a un rival con poco argumentos como para sentarse en la mesa de los candidatos. Los africanos lo habían exigido mucho más. Muchísimo más.

En el complemento pasó lo mismo pero Argentina ni siquiera se enchufó un ratito. Malos pases, entregas tardías y desatenciones en el retroceso. Casi un calco a lo sucedido contra Cabo Verde hace dos semanas atrás. Demasiadas libertades que hicieron esperar al rival mucho más veloz que los nuestros pero con poco criterio ofensivo.

Dos veces respondió Dibu pero en la tercera el arquero también entró en ese desconcierto y tras una mala marca de De Paul apareció Dan Ndoye por la izquierda para definir cruzado por debajo de la pierna izquierda del arquero: 1-1 y a empezar de nuevo.

Esta vez no creció la Selección por sí mismo sino por un error infantil de su rival: Embolo simuló una falta y por eso fue amonestado Paredes. Entonces el VAR alertó al árbitro y por la nueva regla de “confusión de identidad” la tarjeta fue para el suiza, que ya tenía una y se fue al vestuario. Polémica decisión pero que se ajusta al reglamento. En el momento más oscuro se encendió una luz.

A partir de ahí volvió al escenario la Scaloneta. ¿Por qué se había ido? Y lo hizo con un libreto conocido, toques y manejo de la pelota. Arrinconó a Suiza dentro de su área y solo por un poco no marcó el segundo en los 90 minutos. Tuvo que esperar hasta el minuto 112 para conseguirlo. Lo hizo Julián Álvarez y puso justicia. Y ratificó Lautaro. Es verdad que se toma demasiadas libertades, pero la ilusión no se la quita nadie.

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