Lionel Messi volvió a ser determinante para la Selección Argentina, aunque esta vez no logró desplegar todo su repertorio. Aun así, el capitán asistió, rompió récords y volvió a ser uno de los principales generadores de juego ante Suiza.
Durante el primer tiempo, el capitán albiceleste fue creciendo con el correr de los minutos y, aunque comenzó el encuentro con poca participación, cada intervención suya generó peligro en campo rival.
A los siete minutos tuvo su primera aparición destacada. Recibió el balón, se asoció con sus compañeros y mostró esos destellos de calidad que suelen cambiar el ritmo de los partidos. Tres minutos más tarde volvió a dejar su sello, esta vez desde la pelota parada.
A los 10 minutos, Messi ejecutó un tiro de esquina desde el sector izquierdo y colocó un centro preciso que encontró la cabeza de Alexis Mac Allister para abrir el marcador. La acción no fue casualidad: apenas unos instantes antes, el rosarino ya había enviado otro envío peligroso desde el córner opuesto que había complicado a la defensa suiza.
Con esa asistencia, el capitán argentino volvió a escribir una página dorada en la historia de los Mundiales. Alcanzó los 10 pases gol y se convirtió en el máximo asistidor de todos los tiempos en la Copa del Mundo. Además, llegó a las 31 participaciones directas en goles entre tantos y asistencias, estableciendo una nueva marca histórica en la máxima cita del fútbol internacional. Una vez más, transformó una jugada aislada en un récord mundial.
De esta manera, el astro argentino completó un correcto primer tiempo, con una asistencia de por medio y marcando el tempo del equipo, siendo siempre el encargado de la conducción del ataque albiceleste desde la calle central.
En el segundo tiempo, logró yener una participación más activa que en la etapa inicial y volvió a asumir el rol de conductor. Con mayor contacto con la pelota y encontrando espacios entre líneas, el capitán fue el encargado de marcar los tiempos del equipo y de generar peligro a través de pases filtrados que despertaron la ilusión de los hinchas argentinos.
Durante varios pasajes del complemento, el rosarino logró conectar con los mediocampistas. Cada intervención suya parecía abrir una posibilidad de desequilibrio frente a una defensa suiza que comenzaba a mostrar algunas grietas.
Sin embargo, con el correr de los minutos el desarrollo del partido cambió. El combinado helvético adelantó sus líneas y comenzó a presionar con mayor intensidad, obligando a Argentina a replegarse cerca de su propio arco. En ese contexto, Messi fue perdiendo incidencia en la elaboración y pasó a ubicarse más cerca de los delanteros, esperando una oportunidad para lastimar de contraataque.
Aun así, el diez tuvo una de las acciones más peligrosas de la segunda mitad. Sobre el cierre de los 90 minutos recibió en la medialuna del área y sacó un remate de zurda que buscó el palo izquierdo del arquero suizo. La pelota pasó muy cerca del poste y generó una de las últimas emociones antes de que el encuentro se encaminara hacia el tiempo suplementario. Además, finalizó el tiempo reglamentario terminó con un corte en la ceja.
Ya en el suplementario, el cansancio comenzó a jugar su partido, pero a pesar de eso, tuvo un remate de media distancia que hizo temblar al guardameta. Sin embargo, su presencia fue clave para que Argentina siga en carrera, y como cantan los Caligaris, “que corran todos los demás, nosotros vamos caminando”.
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