En Qatar 2022, Marruecos conquistó el respeto del mundo con una campaña histórica. Defendía con enorme disciplina, aceptaba ceder la pelota durante largos pasajes y encontraba espacios para lastimar mediante transiciones rápidas. Aquella propuesta alcanzó para eliminar a España y Portugal antes de caer frente a Francia.
Casi cuatro años más tarde, el equipo presenta una evolución evidente. Mohamed Ouahbi, técnico marroquí, describió perfectamente ese cambio.
“Ya no somos una sorpresa. Cuando la gente habla de Marruecos, habla de un gran candidato. Es un enorme motivo de orgullo. Creo que esto recién empieza”, afirmó después de la clasificación a los cuartos de final.
Las estadísticas del Mundial respaldan esa sensación. Marruecos aumentó considerablemente sus porcentajes de posesión respecto de Qatar, adelantó varios metros su presión y asumió el protagonismo durante muchos más pasajes del partido.
Conserva la solidez defensiva que lo caracteriza, aunque ahora también intenta dominar el desarrollo mediante la circulación de la pelota.
La victoria frente a Países Bajos en los 16vos de final terminó de confirmar esa evolución. El equipo africano sostuvo la intensidad durante los 120 minutos, volvió a competir sin complejos frente a una Selección europea y demostró que su crecimiento responde a un proceso consolidado, mucho más que a una inspiración pasajera.
HAKIMI REPRESENTA EL PUENTE ENTRE DOS MUNDOS
Pocos futbolistas llegan a este partido con una historia tan particular como Achraf Hakimi.
Hijo de inmigrantes marroquíes, formado en el fútbol europeo y protagonista desde hace años en la élite continental, el lateral simboliza el desarrollo de una generación que encontró su lugar entre los mejores del mundo.
Su amistad con Kylian Mbappé se transformó en una de las imágenes más recordadas de los últimos años en el PSG. Compartieron títulos, entrenamientos, viajes y celebraciones. Ahora deben enfrentarse con un boleto a las semifinales del Mundial en juego. También lo hace ante compañeros actuales de PSG como Lucas Hernandez, Ousmane Dembélé, Warren Zaïre-Emery, Bradley Barcola y Désiré Doué.
Esa relación también ofrece un componente futbolístico muy interesante. Hakimi conoce los movimientos preferidos de Mbappé y sus compañeros, la forma en que buscan atacar los espacios y las decisiones que suelen tomar cuando encaran en velocidad.
Del otro lado, el delantero francés también sabe cuándo el lateral marroquí elige proyectarse, cómo interpreta los espacios y de qué manera aparece por sorpresa por la banda derecha.
El propio Hakimi volvió a demostrar su importancia durante este Mundial participando activamente en ataque y aportando una asistencia decisiva en el triunfo sobre Canadá. Su influencia supera ampliamente las tareas defensivas y convierte cada proyección en una amenaza constante para cualquier rival.
“Cuando la gente habla de Marruecos, habla de un gran candidato” (Ouahbi)
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