México está de fiesta. Con la victoria de anoche sobre Corea del Sur por 1-0, se convirtió en el primer seleccionado en clasificar a los 16avos de final del Mundial. El único gol lo señaló Luis Romo, a los 5 minutos de la parte inicial.
México salió a jugar con una enorme determinación. Basó su trabajo en la tenencia de la pelota y en la peligrosidad de Raúl Jiménez y Julián Quiñones. Mientras que los coreanos, respetando su línea futbolística, se cerró con dos líneas de cuatro bien definidas, con la libertad de Kang-in Lee para manejar los tiempos, y con la velocidad de Heung-min.
En el contexto general, fue un partido de tono discreto, donde los mexicanos solo llegaron con peligro a los 19, con un cabezazo de Julián Quiñones que encontró bien parado al arquero Seung-gyu.
Los minutos fueron pasando y el juego jamás mejoró. Porque México no encontró espacios para lastimar, y porque Corea del Sur tampoco se animó a atacar, salvo en los últimos minutos el primer tiempo cuando Kang-in Lee intentó quebrar la defensa mexicana con su velocidad y movimientos en diagonal. De todos modos, los coreanos, con poco, dejaron una mejor impresión y se fueron al descanso sabiendo que si se animan, lo pueden ganar. Los hinchas mexicanos, en tanto, le hicieron sentir el reproche a sus jugadores con una silbatina interminable.
La historia cambió en el complemento. Ya que de entrada (a los 5), México encontró el gol después de una jugada desafortunada, en la que el arquero coreano perdió la pelota tras chocar con un compañero.
Cuando el partido se moría (a los 42), el arquero Raúl Rangel salvó con dos atajadas brillantes, después del cabezazo de a “quemarropa” de Gue-sung Cho, lo que pudo haber sido el empate.
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