Dallas, Estados Unidos (Enviado especial).- El Día del Padre se vive de una manera muy especial a miles de kilómetros de Argentina y en pleno clima mundialista. Entre la marea de camisetas celestes y blancas que copan las sedes de Estados Unidos, resalta una historia que cruza generaciones y una herencia inquebrantable ligada a los colores de Estudiantes. Es la historia de Lucía, una joven oriunda de Vicente López que viajó junto a su papá de 63 años para vivir el torneo de sus vidas.
Su tonalidad al hablar delata su origen geográfico, pero su corazón late al ritmo de la mística albirroja que le transmitió su padre desde que era niña.
Para entender cómo una familia de Vicente López se vuelve fanática de Estudiantes, hay que viajar en el tiempo a finales de la década del 60. En una zona dominada por camisetas de Platense y con un abuelo hincha de Atlanta, el papá de Lucía decidió romper el molde deslumbrado por el equipo de Osvaldo Zubeldía que ganó tres Libertadores.
“Mi papá tiene 63 años, pero cuando era chico se podía ir a la cancha en cualquier lado. En su zona eran todos de Platense, pero en ese momento Estudiantes estaba en su época dorada de las Libertadores. Le empezó a gustar la forma de juego y lo que transmite Estudiantes que ya todos lo sabemos: familia, pasión y locura”, rememora Lucía con precisión histórica.
Aquella locura no se quedó en la televisión o la radio. Siendo un adolescente, el padre de Lucía armó una suerte de "pacto de caballeros" con su grupo de amigos del barrio para poder viajar a ver al León: “Los agarró a sus amigos, porque el padre era de Atlanta encima, y les dijo ‘che, yo les hago la gamba a ustedes así que hagan lo mismo conmigo’. Mi papá desde Vicente López comenzó a ir a La Plata todos los fines de semana y acá estoy”, reveló la joven.
Del "quedate estudiando, pendeja" a la aventura en el Mundial
El contagio de esa pasión hacia Lucía fue inevitable y absoluto. Cada fin de semana los viajes tienen un mismo destino: el estadio Jorge Luis Hirschi. “Me contagió increíble. Todos los fines de semana nos vamos a La Plata, viajamos a todas las finales y ahora nos vinimos al Mundial los dos solos”, relató con orgullo.
Sin embargo, el pasaje hacia la cita máxima del fútbol tuvo que esperar por una estricta promesa familiar que se remonta a doce años atrás. “En el Mundial 2014 llevó a mi hermana y a mí me dijo ‘quedate estudiando pendeja y en el primer Mundial que no estudies te llevo’”, confesó entre risas sobre la divertida advertencia de su padre.
La promesa se cumplió de manera perfecta. Lucía completó sus estudios universitarios y hoy camina las calles estadounidenses con el título bajo el brazo y una meta clara para su futuro profesional, donde planea fusionar su carrera con su verdadera obsesión. “Me recibí el año pasado de diseño y gestión de estéticas para la moda, pero en realidad me quiero dedicar al fútbol y a la organización de eventos. En el Día del Padre estamos los dos juntos: el Pincha que nos conecta, el fútbol que nos conecta y Argentina que nos conecta”, sintetizó con emoción.
A miles de kilómetros de Vicente López, padre e hija celebran su día en las tribunas del Mundial. Unidos por una herencia que desafió la geografía, demuestran que la escuela de Estudiantes se lleva en el ADN, sin importar en qué rincón del país toque nacer.
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