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AHORA QUE SOS MUNDIAL

Por Redacción

TANGIBLE

Poco me importa si no estás en las páginas de la Biblia, aunque debiste allí haber estado. No saben los apóstoles, profetas y babilonios, fenicios y fariseos, los reyes y hasta el Mesías, lo que se perdieron por no haberte conocido.

¡Peor para ellos... ! Ahora ya es tarde. Tampoco fueron tus textos difundidos ni enseñados en la Universidad de Charcas, ni en la doctrina de Gandhi. ¡Qué oportunidad hubiera sido!.

Ni te bailaron en los palacios y salones de la Viena imperial, en cuyos rincones los Strauss derrochaban la magia de sus valses sin esqui­nas.

Los maoríes de Nueva Zelanda, tal vez te desconozcan porque segura­mente le sos demasiado lejano, pero los "kelpers", tan cercanos, se hacen los que de vos no saben nada ... porque no dejan que tus límpidas alas alcancen a besar las costas de Malvinas ... ¡Qué ignorancia!.

Cuando en la orilla vecina exiliaron a Osvaldo, entre otros, (como a aquél que pintó una inmortal "Luna Tucumana", ¿te acordás?) creyeron que te silenciaban un poco ... pero con ello consiguieron que traspasa­ras fronteras y te alojaras en otras tiendas que te dieron, por enton­ces -qué ironía!- más calor que en tu propia casa.

Tampoco me importa que seas "un sentimiento triste que se baila" como dijo de vos, cierta vez, Enrique, el más grande de los cambalache­ros ... o que hayas nacido entre los pies de "rameras y cafhisos", tal cual relata tu biografía un famoso tacuaremboense que piensa que "en la calle codo a codo, somos mucho más que dos".

No por ello te desdeño. Para mí sigues a la cabeza, tal como la letra "A", la de Astor, la de Aníbal, la de tantos Alfredos y Agustines.

Aún sin estarlo, me parece leerte en los versos trasandi­nos de Gabriela o en los textos esenciales de Walt Whitman. Porque estás en tantos pasillos del planeta; desde las anti­guas callejuelas próximas al Sena hasta los rincones donde el sol naciente rasga los ojos, desde la humilde madera de una lúgu­bre casa de pensión de Amsterdam, hasta un "kibutz" del Né­guev, que se despierta entre termos y mates montevidea­nos.

Y te encuentro. Te encuentro cada día. De norte a sur. Desde las casi escondidas tabernas "sudacas" de un Miami encandilado, hasta las madrugadas calles de una sureña Buenos Aires, en las que la tela trasno­chada de Hermenegildo se mimetiza con el sombre­ro del más grande de todos los mitos, aquel que muriera para nacer en Medellín.

Poco me importa que se haya dicho en algún texto célebre, intentan­do desprestigiarte despectivamen­te, que sos "cosa de negros", cuando éstos fueron quienes, precisamente, se esmera­ron para darte gran parte de tu paso y tus figuras. No me inmuta. Si, además, hasta el más erudito de los Borges te tuvo entre sus manos para hacerte prosa compadrita, poesía y patri­monio.

No supieron de vos, seguro, ni vikingos ni esquimales. De no, los primeros te hubiesen llevado en la proa de Odín por todos los mares de la Tierra y los segundos te habrían ofreci­do al visitante, en su modo sereno, hospitalario ... ¡Una verda­dera pena!.

Pero, al menos, casi de improviso, pudiste un día "saltar del arrabal y buscar el cielo", ganando la ciudad y las casas de la gente y, más tarde, y sin pecado, cruzaste reiteradamen­te el voraz océano en la falda de algún fuelle sin pausas o con un diestro violín atado al hombro.

Ahora recuerdo, tal vez con un tanto de dolor, que tampo­co estuvis­te en mi boda, porque no tuve celebraciones hacia afuera ... pero, sin embargo, reconócelo!, te he invitado a mi alcoba, desde entonces, toda vez que el después del amor se hace paisaje y trémolo en mi guitarra, y lunas y azahares en las sábanas de ella...

Poco me importa en cual de las orillas naciste o debutas­te, dónde te estrenaron o te pintaron de fama, cómo arreglaron tus compases o escribieron tus silencios, cuándo te plagiaron en graffitis o bautizaron tus ruinas. Si sos de Rampla o de Quinquela, de Vélez o de Figari, del Barrio Sur, la Merello, del Luna Park o los Batlle. Me da lo mismo. Lo que no puedo, no quiero, pasar por alto es que existes. Con eso me alcanza.

No sé qué tendrás, que te traigo flores, si estás más vivo que nunca!. No sé qué misterios me dejaste bajo la piel desde que te subiste al mapa de mi ternura y mis deseos!. No lo sé.

Eres himno si me convierto en soldado, viento si me hago barrilete, vino si me vuelvo copa. Eres mi alimento en la soledad de la distancia, enemigo del olvido, compañero de los viajes de las nostalgias del alma.

Eres Tango en cinco letras. Tango en sostenido. Tango disidente. Rebeldía de mi asfalto. Tango, tango, tango. Vena y tango. Tanto tango. Salmo y tango. Fuego y tango. Siempre tango. Nuestro tango. ¡Viva el Tango!.

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