Y, supongo, que les daba lo mismo que fuera inserto en cualquiera de las secciones.
No recuerdo si al final alguien lo publicó. Lo que sí es cierto es que yo conservé durante mucho tiempo el manuscrito original, en tinta azul, en una hoja de cuaderno escolar.
Y así, como lo dice el título de mi texto aquel, el cuaderno ya no vive y, sin embargo, resurge hoy desde mis archivos digitales, rescatado medio siglo después, ayudándome a sentir el alivio que me produce haberle dado solución a la incómoda interrogante de las últimas horas, nacida a partir de la pregunta: ¿con qué iniciaré este espacio de comunicación, que este prestigioso diario platense me ofrece nuevamente, cuatro décadas después de que algunas de mis letras, emparentadas con el humor, hayan derrapado por sus páginas domingueras hasta anclar en el último suspiro de aquel Suplemento papel?.
Hoy subo a la Blogosfera y me quedaré hasta que ustedes lo decidan, prometiéndoles que las imágenes que acompañarán esta bitácora serán preferentemente aquellas surgidas de mi camarita digital.
¡Bienvenidos y hasta la próxima!
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