Yo residía y estudiaba en La Plata cuando en una oportunidad unos amigos míos me desafiaron a enviar alguna de mis obras a un concurso literario que se organizaba en la ciudad de Mercedes, Prov. de Buenos Aires. Y me decían que, si yo no participaba, ellos estaban dispuestos a tomar algunos de mis trabajos, de los cuales guardaban copia, y enviarlos por su cuenta.
Finalmente accedí y tiempo después recibía una comunicación dándome noticias de que mi poema estaba en la nómina de los trabajos que habían accedido a los principales premios.
Por entonces yo, sinceramente, no tenía demasiada idea de quiénes eran María Esther de Miguel o Poldy Bird que, actuando como miembros del Jurado, habían seleccionado mis versos para un veredicto que me estremeció tanto, como el hecho de enterarme tiempo después que ambas creadoras, además de llegar a ser dos de las más leídas escritoras argentinas contemporáneas, eran oriundas de tierras entrerrianas, como yo.
Un poco en su homenaje aquí traigo, desde el mejor recuerdo, las referidas letras entrañables para mí, dado que se constituyeron en el primer mojón trascendente de mi camino.
A veces
cuando me agrieta el aire la mirada
salgo a buscarte maduro de esperanzas
echo a rodar el grito de un deseo
y vuelvo a caminar la calle ancha.
Déjame
que te encuentre en las esquinas
déjame besar tu boca pálida
y hundirme lentamente de a pedazos
en la paloma de tu pollera blanca.
Pero sigo en este andar de caminante
con una estrella rota en mis espaldas
ajando agudo este silencio
que corre sepulcral por mi garganta.
Porque no estás te voy llamando
para quemar de sueños la mañana
y gastar en ti todas las lunas
que este tiempo de octubre nos regala.
Ven muchacha
levántate a mis ojos
trae contigo el sol en las pestañas
no niegues para mí tu piel almendra
despiértale los pliegues a mis sábanas.
Subo los peldaños de la noche
con un frágil silbido en al solapa
ella bebe en soledad su negativa
yo regreso vacío de palabras.
Más, intentaré de nuevo
colgar de su pupila luz dorada
nacerá mi paso e irá por ella
volviendo a caminar la calle ancha.
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