La plaqueta que precede lo dice todo. No obstante, me parece interesante aportar un breve comentario, previo al poema galardonado.
Cuando la Academia del Tango realizó la convocatoria sentí que yo no podía estar ausente y por eso, tomando como base esos dos íconos tan emblemáticos de la identidad uruguaya, como son las radios y el tango, elaboré mis rimas de alguna forma uniéndome al recuerdo del recientemente desaparecido periodista y comunicador Nelson Marroco, con cuyo nombre se designó este certamen literario y que, en lo que fuera su última aparición pública, oficiara de maestro de ceremonias en ocasión en la cual brindé, invitado por la citada Academia, un recital poético literario en la sede de la Asociación de Afiliados a las Cajas de Profesionales Universitarios del Uruguay, en marzo de 2008.
Yo que soy el mi bemol que conociste
por pintarte la consola desvelada
que danzando un estribillo compadrito
me propuse ser cortina en tu programa.
Pues no supe respetarte los silencios
ni a aquel viejo operador tras la ventana
me introduje por micrófonos de ritmos
en acústicas paredes de tu alma.
Vos te hiciste del oyente compañera
proponiéndole a su oído la nostalgia
cuando un fueye me estiró en dos por cuatro
sin prestarme su afinado pentagrama.
Si creciste desde discos arrugados
con historias de bulines y de paicas
fuiste copas y poetas esculpidos
en libretos de tu mesa y en balanza.
Ensayaste mil atriles con milongas
y los mágicos cantores por el alba
te dejaron vozarrones perfumados
con la misma religión que nos abraza.
Porque somos la ciudad a toda hora
dibujantes de suburbios y quebradas
intentemos nuestra piel de tango y radio
que nos queda algún lugar donde grabarla.
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