El paisaje de tu valle me confiesa
que la luna descendida hasta el pantano
se refleja en tu mirada y por tus manos
como bíblica virtud de la simpleza.
Si los brillos que inauguran la tibieza
te descubren silenciosa por el llano
se derriten en los salmos por un piano
que festeja tus desnudos piel cereza.
Como el hada que se esconde en la maleza
baja un cántico del cielo hasta tus planos
fecundándote de magia y de belleza.
Porque inundas los espacios del verano
con tu danza -lo sagrado que profesas-
en el cósmico jerosolimitano.
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