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SORBOS DE IDENTIDAD

Por Redacción

Ciencia y leyenda, historias y creencias, mitos y realidades, el mate ha ascendido a un pedestal de significación en nuestra cultura. Tradición y espacio ritual, impregnado de ese tiempo calmo que favorece la comunicación humana, el mate crea el clima en el que se entretejen lazos de solidaridad. Pueblos ‘materos’ como el nuestro son pródigos en poemas y artesanías, pinturas y canciones, tallas y cuentos, fotografías e historias, coplas y grabados, filmes y libros, refranes y hasta ‘relaciones’ para el Pericón, demostrando que ha sido fuente de inspiración de los creadores. Símbolo con el cual se ha nutrido nuestro acervo y nuestra identidad, la costumbre de matear constituye un hecho de connotaciones sociales y culturales complejas que, por su gran difusión, indujo la creación hasta de un ‘lenguaje del mate’ con el cual se alimentan desde las anécdotas al humor, desde la picardía al amor, en una recorrida por caminos de una chispeante creatividad.

 

LA LEYENDA DEL MATE                                  

Cuenta la leyenda que Yasí, la luna, y Araí, la nube del crepúsculo, en su curiosidad por conocer la selva, descendieron a la tierra, donde fueron atacadas por un yaguareté, al que un anciano cazador, en auxilio de ellas, le diera muerte. El cazador y su familia ofrecieron a las visitantes la hospitalidad de su humilde cabaña, comida y descanso, previo a su regreso a los cielos. Días después las doncellas decidieron retribuir a los campesinos con un premio que recaería sobre Yarií, la bella hija de éstos. Para ello las diosas aprovecharon una noche para sembrar delante de la cabaña unas semillas, dejando caer una lluvia que mojaba la tierra. A la mañana siguiente habían nacido unos arbustos y sus flores se dejaban ver entre las hojas. Cuando despertaron los campesinos quedaron maravillados por el prodigio y, en medio del asombro, apareció Yasí para decirles que habían decidido premiar su bondad con esa nueva planta llamada “caá” (yerba mate), que desde entonces constituiría para ellos y para los habitantes de la región el símbolo de la amistad, así como serviría para preparar la mejor y más exquisita de las infusiones. Les auguraron que si la conservaban bien, su hija viviría eternamente y jamás perdería ni su inocencia ni la bondad de su corazón, siendo ella, a partir de ese instante la dueña de la yerba mate. A la muerte de sus padres la bella Yarií desapareció de la tierra y desde entonces suele dejarse ver, de vez en cuando, entre los yerbatales como una joven hermosa en cuyos ojos se refleja el candor de su alma.

 

DE UN ESCRITOR ARGENTINO

El afamado escritor judeo-entrerriano Alberto Gerchunoff (1883-1950) decía que “Quien prueba el mate, ya no emigra más. Se arraiga, se atornilla al suelo, y es con el gusto del mate, con el sabor deliciosamente amargo del mate, que se identifica con el alma de la tierra, con sus cualidades profundas. El mate acompasa los surcos del campo, ameniza las treguas del arduo trabajo en la ciudad. Es la bebida de la intimidad, de la confidencia, del reposo doméstico. Por fortuna es también un vicio. Es lo que no deben ignorar los propagandistas de la yerba paradisíaca. Anuncien, en América y en Europa, que es un vicio invencible y, si me quieren hacer caso, digan también que es un pecado; díganlo con insistencia, con convicción, y verán que el mundo entero acabará por consumirlo, y desde América del Sur saldrán vastos cargamentos a los lugares más remotos de la tierra.”

 

DE UN ESCRITOR URUGUAYO

Adolfo Montiel Ballesteros (uruguayo, 1888-1971) dice que: “Nosotros también tuvimos nuestro Adán criollo, a quien Dios, de una costilla le formó una Eva que le presentó como compañera. Luego de la china le trajo el pingo, para la lidia del trabajo y la diversión, el paseo o las carreras. El pingo no se presta, como la guitarra, que también le regaló, para endulzar los pesares, para ensayar estilos, tristes y vidalitas, donde volcar la poesía de su alma. Para defenderlo de la intemperie, le construyó el rancho, en cuyos horcones se colgaría una rústica cama y en cuyo fogón se asaría el churrasco para alimentarse. Después le trajo el perro vigilante, y la alondra matinal de la calandria autóctona para, en la aurora, despertarlo con su música desde la enramada.  Y el hombre con todos esos tesoros aún parecía no estar contento y Dios le preguntó: -¿Qué te falta?. Y el paisano le contestó, filosofando: - Todo pasa, Tata Dios, menos el dolor... Mi mujer se puede ir con otro; habrá momentos en los cuales no tendré ganas de cantar; cuando sea viejo no montaré el pingo; el hijo hará rancho aparte; puede caerse la casa... y entonces a mí me faltaría un compañero... Un compañero para contarle despacio las penas, las tristezas de la vida; que me haga sentir su caliente mano de varón y que sea callado y fiel -. Entonces Dios le regaló el mate amargo...”

 

DE UN FAMILIAR MÍO

“Hace unos cuantos años, estando yo en el Líbano pude ver enormes cantidades de yerba mate en un almacén. Además, por esa época yo tenia un colega en el colegio, un druso (*) del norte de Israel y una mañana no pude contenerme y le pregunté si su aliento era a café, porque me parecía más cercano al mate… Entonces me confesó que sus abuelos trajeron el mate a las aldeas drusas de Siria, de allí que se arraigó el mate (en forma de mate cocido) en algunas aldeas drusas de Siria y Líbano. Por otro lado, en Israel, a principios de los ’70, solo podía conseguir yerba en lo de un árabe cristiano de Nazareth, que a su vez la importaba de Siria o del Líbano (nunca se supo con exactitud).

Hoy se puede adquirir yerba mate argentina (en paquetes o en saquitos) no sólo en los almacenes de los árabes, sino también en la mayoría de los grandes supermercados y hasta en almacenes de los barrios donde residen argentinos o uruguayos. Lo que aún no hay son buenos mates y bombillas de calidad”.

 

(*) Drusos: minoría árabe separada del islamismo ortodoxo, con tinte algo místico, y cuyos jefes transmiten los secretos de su religión sólo a los jóvenes por ellos elegidos. Residen en zonas de Israel, Siria, Irak y Líbano.

 

APORTES AL MATE DESDE PAÍSES DE LA REGIÓN

- Desde Perú provino la voz quechua ‘mati’, que significa ‘recipiente para beber’, la que fuera castellanizada más tarde como ‘mate’.

- Desde Paraguay llegó el nombre de la yerba mate (o simplemente yerba) bajo el nombre científico de Ilex paraguarienses y desde allí también vino el vocablo indígena ‘itacuguá’ (i-agua, tacú- caliente, guá- recipiente) que diera origen a la castellanizada ‘caldera’.

- Desde el sur del Brasil es originario el término ‘tacuapí’ con que los indígenas identificaban a la ‘cañita’ que se ha incorporado al castellano como ‘bombilla’.

- Desde el Uruguay se ha introducido y popularizado el termo, indisolublemente asociado a la costumbre y hábito de tomar mate.

Desde la Argentina surgió la palabra ‘pava’, para designar al recipiente para cebar mate.

 

DE OTRO URUGUAYO

Desde las columnas de "El Plata", el médico y escritor uruguayo Isidro Más de Ayala fustigó la costumbre de matear por la calle, empren­diendo una guerra contra el termo, diciendo que: “La deca­dencia del mate comenzó con la invención del termo; este arte­facto, extraño a la liturgia matera, modificó todo el cere­monial de su rito orto­doxo; no tiene nombre nativo y además alteró los tiempos de esa sinfo­nía para flauta y oboe que es el acto de matear, haciendo un andan­te de lo que era un lento maesto­so. De continuo os cruzáis con gentes que, con el termo apreta­do contra el cuer­po, andan por todas par­tes, caminan, hablan, hacen nego­cios y hasta no hacen nada, mien­tras toman mate... Si se ha definido al porte­ño, en especial al de Corrien­tes y Esmeral­da, como ‘el hombre que está solo y espera’, el montevi­deano sería ‘el hombre de pijama que se pasea por el barrio en termo’. Por todas partes gentes con termos: dentro del auto en 18 de Julio, en la tribu­na del Esta­dio, en la Rambla y por las carre­teras, con las piernas colgan­do fuera de un ca­mión. El termo llegó a incor­porarse al esqueleto del monte­videano; su ubicación entre el brazo izquierdo y la caja del cuerpo ha desarro­llado un músculo que antes no exis­tía, el ‘aductor del termo’, que se inserta, por una par­te, en la cara interna del codo izquierdo y, por otra, en la parrilla costal del mismo lado”.

 

ALGUNAS CURIOSIDADES

- Los jesuitas preparaban mate cocido, porque desconfiaban del mate con bombilla, atribuyéndole connotaciones diabólicas. Lo prohibieron y hasta se lo denunció a la Inquisición de Lima en 1610 por estimar que era ‘una sugestión clara del demonio’.

- En un bando dictado por el Virrey Ceballos, a fines del S. XXVIII, se ordena que en la alimentación a peones de campo, que debieran levantarse a las 4 de la mañana se les permitiera tomar mate antes de entrar a trabajar, hecho que debería repetirse cada hora y media y hasta que salieran de sus labores.

- Apóstoles, es una población de la provincia de Misiones, originaria de 1638. Expulsados los jesuitas comenzó a decaer y en 1897, fue refundada, dándosele gran impulso a la producción de yerba, lo que ha llevado a su designación como Capital Nacional de la Yerba Mate.

- En el Monumento a los Charrúas, del Prado de Montevideo, el escultor no descuidó detalles, salvo que la caldera o pava, que introdujo en la obra, corresponde a un modelo que apareció cuando los aborígenes ya habían sido exterminados...

- En Entre Ríos, a fines del S. IXX, los dueños de casa hacían cebar mate a sus hijas colocándolo en un cucharón, evitando que el convidado tocara la mano de las damas.

- Una versión dice que el mote de ‘Panza Verde’ con el cual los entrerrianos suelen ser identificados, no responde a su apegada costumbre de ‘yerbear’. Hipótesis sobre el origen de tan particular apelativo sitúan la escena en la época de las fragorosas luchas intestinas, a mediados del S. IXX, donde los ‘caudillos’ dotaban a sus huestes de indumentarias de color claro, que solían mancharse del color verde con el cual los pastizales teñían el vientre y el pecho de los aguerridos seguidores de Urquiza,  ‘Pancho’ Ramírez o López Jordán, cuando éstos se arrastraban por la geografía entrerriana, en ejercicio de sus funciones...

- La costumbre matera no escapó a los judíos que, en su mayoría procedentes de Rusia, se afincaron en Entre Ríos, a principios del S. XX. A semejanza de su hábito de sorber el té amargo, preparado en los típicos samovares, acompañándolo de un mordisco a un terrón de azúcar, los colonos incorporaron al mate esa misma costumbre, con lo cual aquel ‘té vpricusky’ originó este ‘mate vpricusky’, cebado generalmente por la más joven de la casa, llevando el mate amargo en una de sus manos y ofreciendo en la mano opuesta los blancos terrones en la azucarera de plata. La expresión rusa podría traducirse como ‘mordisqueando’.

- Cuando el Príncipe Carlos de Inglaterra visitó Uruguay, en 1999, fue convidado con lo que dijo ser "el primer mate que tomé en mi vida". Sin hacer comentarios sobre el sabor, el ilustre visitante preguntó: "¿Y Uds. toman esto todos los días?".

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