Como Bruno y Ezequiel, miles de platenses reeditan por estas horas un fenómeno nacido en los barrios de La Plata para el que todos los engranajes están bien aceitados: "se empieza a trabajar en diciembre, ideando el personaje que se va a construir. Después de distribuyen las tareas y si a uno le toca cuidar el muñeco durante las noches, otro dibuja, otro pega papel y otro pide dinero a los vecinos del barrio", dice Adrián Catanzaro, integrante de un grupo de Tolosa que construye al Gato con Botas de Schrek.
El lugar donde se construyen año a año los muñecos también es el escenario donde tienen lugar encuentros de amigos, episodios destinados a convertirse en anécdotas a ser rememoradas durante años y hasta romances. Y donde el paso de los años se recuerda en función de los muñecos construidos.
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