· Deseo fervientemente que mi poemario jamás se convierta en un clásico; de así acontecer correría el riesgo de transformarse en una obra admirada por muchos, pero que nadie leería.
· Siempre dudé mucho en la publicación de mi poemario; y aún hoy me pregunto si los versos que lo integran superan la belleza de las páginas en blanco que podrían contenerlos.
· Yo pretendía que mi poemario no tuviese la mejor encuadernación; de esa manera resultaría más fácil desprender, para conservar, las páginas que interesasen, antes de arrojar el texto al fuego.
· Mi poemario ha sido como un hijo mío: al principio era pequeño y dormía conmigo en mi propia cama; luego creció y debí hacerle un lugar en el cuarto contiguo; pero un día me ha dicho adiós y ha comenzado a caminar entre la gente.
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