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ZAPPING

Por Redacción

Mi esposa se enoja conmigo porque yo me llevo por las noches el radiorreceptor a la cama y no dejo tranquilo el sintonizador.

Una y mil veces recorro de forma incesante el dial, de punta a punta, de ida y vuelta, en busca de algo que ni yo mismo sé exactamente qué es. Tal vez alguna buena melodía, quizás los titulares de las principales noticias del día que ha finalizado, probablemente el resumen deportivo de las últimas horas o lo que un meticuloso horóscopo ha pronosticado para los nacidos en Capricornio, para la próxima jornada.

Y no es que lo haga adrede o solamente cuando estoy en vías de dormir. Me he dado cuenta que es la más genuina respuesta al aburrimiento. Yo me aburro estando atado a una emisora o a su programación. Por eso me sale de adentro la impaciencia, resultado de no querer permanecer cautivo de una determinada emisión al éter, como se decía antes.

Y esa costumbre parecería que se vuelve repetitiva cuando de emisoras con programas futboleros se trata. Me resultan descartables los relatores de voces agudas, siento rechazo por los comentaristas de escasos recursos lingüísticos, me fastidian los noteros entrometidos. Todos terminan aburriéndome. Por eso cuando escucho fútbol por radio, salgo en busca de una voz de brillo diferente, de un comentario con luz propia, de una crónica rica y talentosa, de una entrevista cargada de dardos y petardos. Por eso mi recorrida por el circuito de AM es a todas voces inconstante y disconforme.

Yo solía escuchar por radio algún partido de fútbol de primera división cuando no teníamos TV por cable, pero me abrumaba el estilo de la mayoría de los relatores. Y si no se habían convertido goles, más tedioso me parecía el partido que estaba sintonizando. Por lo tanto me arreciaban las ganas de seguir buscando en el desmemoriado dial aquellas voces futboleras que el domingo pasado juzgué como novedosas y hasta trascendentes.

Pero no siempre tengo la suerte de hallarlas. Por eso recurro a la circunstancia de una búsqueda, o sea hallar eso que suene bien al oído, sin ser música. Más de una vez ocurre que me quedo dormido con el radiorreceptor encendido y cuando reacciono el partido que escuchaba ya hubo concluido. En tal caso, me veo en la necesidad de acceder a los sitios deportivos que más frecuentemente visito en la web, para obtener información acerca del resultado final del match.

La radio me ayuda, pero no me proporciona la solución de forma integral. Y aunque lo considero mi amigo, el radiorreceptor también suele aprender de mí alguna palabrota, cuando se agotan sus baterías, de tanto zapping, pero sobre todo cuando mi cuadro no resuelve el partido como yo tan fervientemente lo deseo, desde mi corazoncito, cada fin de semana.

 

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