No debe haber cosa más hermosa para los abuelos que tener oportunidad de que su única nieta se quede a dormir una noche con ellos, mientras sus padres disfrutan de una velada fuera de casa. Porque conociendo esa circunstancia de antemano, mientras la abuela se dedica a elaborar las más apreciadas exquisiteces para la graciosa visitante, el abuelo se esmera en tener cargadas adecuadamente las baterías de cámaras fotográficas digitales y filmadoras.
La espera y ansiedades de la llegada de la anunciada personita también incluyen, de parte de la abuela, el apronte de los insumos necesarios para una correcta higiene de la niña y, de parte del abuelo, de la silla-mesita para alimentarse y de algún juguete adquirido recientemente para la que te conté.
Todo lo anterior puede ser fácilmente imaginable por los primogénitos de la niña. Porque conocen a los abuelos, pero además, porque los señalados preparativos ‘están en la tapa del libro’.
Lo que no integró el menú previsto por los padres es que al arribo de la visitante sus abuelos procedieran a extraer de un cajón del mobiliario un conjunto completo de indumentaria deportiva con los colores del equipo del que el abuelo es simpatizante desde hace casi seis décadas, que fuera obsequiado al padre de la criatura por parte de su abuelo paterno, hace treinta años atrás y que, conservado con esmero y pulcritud desde entonces, ahora es motivo de vestimenta de la nena y de elocuentes manifestaciones de alegría que inundan la casa de los abuelos y los ojos de la bellísima pequeña.
La camiseta del cuadro del abuelo luce flamante en el cuerpo de alguien que tiene catorce meses de edad, en cuyo pecho el escudo oficial parece más brillante y hermoso que nunca.
Y el minúsculo pantalón no se queda atrás, convirtiéndose en una prenda que hace encender los recuerdos de las grandes epopeyas del club amado, mientras la camarita digital, en manos de los abuelos recoge las imágenes que mañana serán preciado álbum.
Así se construye el anecdotario escondido, no divulgado, depositado y conservado en la clandestinidad y los secretos.
¡Viva, viva!.
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