Con una cifra que muestra a las claras su masiva repercusión, finalizó la 5ta. edición del concurso de minicuentos "T cuento Q" convocado por la Empresa Nacional de las Comunicaciones (ANTEL) y la Biblioteca Nacional.
Un total de 17.157 minicuentos fueron objeto de lectura y análisis por parte del jurado que en la jornada de ayer diera a conocer su fallo designando a las 100 mejores obras que integrarán la edición de un libro que verá la luz el año próximo.
Este certamen ha logrado insertarse como una instancia cultural que anualmente reúne a quienes practican el viejo arte de imaginar historias para escribirlas.
Por eso aguardo con no pocas expectativas esa valiosa recopilación, para contactar con la creatividad de tanta gente, dentro de quienes -un tanto inesperadamente, dada la vastedad de participantes y la calidad de los trabajos- me he visto incluido y distinguido en esta oportunidad.
Pareciera que, entonces, no hay muchas más palabras previas para la presentación de lo que en mi caso ha sido solamente un ocurrente juego de palabras que una tarde de silencios pergeñé, sin imaginar su destino.
Era una historia que había nacido de un minicuento. Y la historia creció y se reprodujo, mientras que el minicuento murió sin hacer historia.
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