Franco es el menor de la familia y el más chico entre sus compañeros de primer grado, todavía no cumplió los 6 y cuando la "seño" reta a los que gritan en clase, se sobresalta y le gustaría volver a la salita de jardín donde se la pasaba jugando. Rocío Oviedo, su maestra, sabe que la brecha de edad que se da entre los alumnos le impone un desafío educativo, pero confía en que a lo largo del año las diferencias terminen enriqueciendo los vínculos.
Se los conoce como los chicos de junio, son los que ingresan a primer grado con 5 años y deben asimilar el mismo contenido que compañeros que a veces les llevan casi un año. El tema despierta incertidumbre entre muchos padres que tienen el temor de que sus hijos no estén maduros como el resto para adaptarse a los cambios que les impone el primer grado. Sin embargo en la Dirección de Escuelas las estadísticas son convincentes: "no se registra mayor repitencia entre los chicos menores y por lo general el resto del grupo, los ayuda a madurar", sostiene la profesora Claudia Bello, directora de Psicología Comunitaria y Pedagogía Social de la Dirección de Escuelas.
REGULAR EL INGRESO
El mes de junio es la fecha estipulada para regular el ingreso al sistema educativo y los especialistas consultados coinciden en que dentro de los matices cognitivos que se dan en los grupos, hay que trabajar según las características singulares de cada chico.
En ese contexto, poner la mira en la historia personal del alumno es clave para que la integración en el aula sea una empresa exitosa. Así se evalúa el estímulo que recibió en el núcleo familiar y, según la experiencia de los docentes, adentro del aula la edad tiene menos incidencia que el hecho de que el niño esté acostumbrado a conversar con sus padres o a jugar con crayones.
Aunque parezcan ítems simples, haber ido al jardín o a guardería, el lenguaje y la independencia personal, en realidad son los soportes brindados por el adulto para que el niño tenga herramientas de desarrollo. "Hay cuestiones como por ejemplo desprenderse los botones que al chico le pueden resultar una barrera infranqueable. No poder ir al baño sólo, limita su independencia y por eso se dan soluciones sencillas como pedirle a los padres que le pongan prendas con elástico", cuenta Bello.
En el establecimiento de diagonal 73 y 41, Alejandra Méndez, directora de la Escuela General San Martín, asegura que las características de cada chico son singulares y que no se pueden establecer comparaciones. Por eso en las reuniones de padres se ponen de manifiesto cuáles son los objetivos a alcanzar en el primer grado y la forma en la que ellos jugarán un rol esencial en la adaptación. "En el aprendizaje no se nota el que es más chico y al que presenta dificultades se lo acompaña para que las supere", dice la docente.
Claudia Bello afirma que además de tener en cuenta el contexto previo con el que llega cada niño a la escuela, los compañeros mayores son fundamentales en el proceso de motivación e integración de los más pequeños. "A veces los que pueden leer frases o carteles son buenos informantes en su grupo, intercambian experiencias, algo que también es motivador con relación al aprendizaje y hasta les va dando conciencia ciudadana porque los hace solidarios", apunta.
En relación a los peligros de repitencia entre los más chicos se indicó que hay padres y hasta muchos docentes que ponen la edad como una causa, cuando en realidad hay que observar cuál fue la actitud del adulto para que ese chico madurara.
"VAS A PODER"
En la formación del niño la palabra del adulto forja, cobra un poder fundamental, por eso la directora de Psicología Comunitaria de la Dirección de Escuelas sostiene que es necesario remarcarle que él podrá enfrentar los distintas propuestas escolares.
"A lo largo de la vida somos lo que los demás dicen de nosotros y es importante decirle al niño: vos vas a conseguirlo, ésto es para vos. Tenemos que erradicar el ´no vas a poder porque sos el más chico´ porque eso termina condicionándolo", propone Claudia Bello.
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