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DESTAORIYA 8

Por Redacción

No era improbable que al radicarme en Uruguay hallara aquí algunas “variantes” en cuanto a la popular infusión, ésa que nos caracteriza por ser “hermanos de mate”, ya que la nodriza que nos crió lo hizo de tal modo que bebiéramos del mismo origen…

 

Por lo tanto en cuanto al mate y toda su legendaria tradición, no deberían sorprenderme ciertos aspectos, sin mayor trascendencia, que aún dentro de mi propio país natal son comunes y suelen darse con particularidades entre provincias de una misma patria.

 

Podría, quizá, que en Montevideo me encontrara con recipientes de diferentes tipos, características y tamaños. O con bombillas más o menos torcidas, encorvadas o decoradas. O con paquetes de yerba en presentaciones de diferentes kilajes. O con la calentada del agua más a fondo o no tan hirviente. O que aquí le llamaran caldera, como ya lo sabía, a nuestra vieja y querida pava.

 

Pero lo que no imaginaba era encontrarme con una yerba que es como un polvo, supermolida y supertiturada.  Cuentan que este tipo de yerba (procedente generalmente de Brasil) es sin palo porque así lo indica la mejor tradición portuguesa, según la cual esta característica favorecería la eliminación de la molesta acidez estomacal que generan los tallos del vegetal.

 

Otras opiniones indican que los nutrientes están en la hoja y que el palo es lo descartable y hasta hay partidarios de la teoría que señala que el mate cebado con yerba con palo se lava con suma facilidad. En definitiva, en Montevideo hallé que el mate se toma con yerba sin palo.

 

Y a los uruguayos no se les tapa la bombilla, aún tomando mate con su yerba sin palo, molida “bien finita”. Porque se acostumbran a dar vuelta el mate antes de empezar la mateada y lo sacuden de modo que la yerba-polvo se deposite en la parte superior del mate y no en la parte inferior, a fin de que la bombilla no se tape. Además mojan la yerba de forma previa, antes de introducir la bombilla y obtienen un buen resultado para evitar el problema.

 

A esta altura parecería que hubiese abandonado el relato de mi "sorpresivo hallazgo" de la yerba sin palo y me estuviera encaminando a dar clases de cebado…

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