Ciertamente me acordaré de mi música de cuerda en la noche (Salmos 77-6)
A quienes hemos tenido en la guitarra una inseparable compañía durante más de cinco décadas nos resulta ineludible dedicar un espacio a tan bello como noble instrumento, de una trayectoria de más de cinco centurias por los rincones del planeta.
La guitarra tiene larga historia y títulos de nobleza que se remontan desde muy lejos. Durante largos siglos estuvo apartada de todo protagonismo en la música culta, relegada a cumplir tareas subalternas en el ámbito exclusivamente popular.
No ha sido posible precisar la fecha de nacimiento de la guitarra. Las diversas variantes en la construcción y la forma de utilización, se concretaron históricamente en el Renacimiento con el “laúd” llegado a España tiempo atrás y reemplazado más tarde por la vihuela. Ésta entró en las cortes y gozó de breve pero intenso éxito, no sólo para acompañar romances y canciones, sino para tocar elegantes piezas de baile de salón. La vihuela, tuvo su auge en el Siglo XVI y todo su repertorio fue heredado por la guitarra, en el proceso por el cual la segunda desplazó y acabó sustituyendo a la primera.
En 1856 el catalán Juan C. Amat escribió el primer tratado de guitarra, y recién a finales del Siglo XVIII logró popularizarse en Europa, logrando creciente difusión. La guitarra española adquirió predicamento gracias a los virtuosos ejecutantes de comienzos del Siglo XIX encabezados por Fernando Sor. El más sólido repertorio para guitarra nació con la creación de la escuela guitarrística del también español Fernando Tárrega (“el Chopin de la guitarra”, 1854-1909) a lo que se sumó la difusión de un sinnúmero de obras originales y de transcripciones de obras de Bach o de Wagner.
Un mayor tamaño y nuevos y más ricos recursos sonoros posibilitaron su aceptación en salas de concierto, sirviendo de inspiración a músicos tales como De Falla, Turina, Castelnuovo Tedesco, Moreno Torroba y Villalobos, entre otros.
La necesidad de ser aceptada como instrumento de concierto fue observada por el español Andrés Segovia, quien dedicó a ello su extraordinario talento y esfuerzo, enriqueciendo su repertorio y realizando magníficas y muy numerosas transcripciones, además de estimular a los compositores contemporáneos a escribir nuevas obras para guitarra, demostrándoles las posibilidades reales del instrumento.
Por nuestras tierras, como consecuencia de la colonización española arribaron a estos lugares muchos elementos que pasaron a formar parte de nuestro acervo cultural y artístico. Así llegó la guitarra que se adentró entre los criollos. Los gauchos la adoptaron rápidamente y tanto en la ciudad como en el campo pasó a constituirse en una especie de “instrumento musical nacional”, con cultores a lo largo y ancho de la Patria, de allí el origen de ritmos populares rioplatenses: tangos, milongas, cielitos, pericón, rancheras, etc.
También estuvo junto al nacimiento de guaranias o zambas, de cuecas o bossa-nova, de chacareras o de valses peruanos, por citar solo algunas expresiones musicales de los países de nuestra región.
Pero no solamente se limitó a círculos populares y campesinos, la guitarra integra el plantel de instrumentos disfrutables en conciertos, entre cuyas prestigiosas cuerdas clásicas se encuentran guitarristas compatriotas, reconocidos internacionalmente por su virtuosismo.
En nuestra sociedad la guitarra, independientemente de su tamaño o la calidad de su madera, su sonido o su diseño, ha estado presente y lo estará siempre, en territorios de todos los estratos sociales de la población porque la guitarra es casi un símbolo patrio. Los poetas le han dedicado sus mejores versos y los autores sus obras maestras, los pintores la han hecho vivir en el color de sus telas y mucho más.
Hoy, a pesar de que las cuerdas "ya no son las mismas", que el clavijero, en algunos casos, se presenta como una verdadera obra de arte de la talla, que algunas bocas de la tapa han adoptado formas ovoides y que en el mercado compiten instrumentos elaborados en el Lejano Oriente, igualmente la guitarra manifiesta aquella condición que nos lleva a "parafrasearla" con un dicho popular dedicado y reservado originalmente para Carlos Gardel (cantor y guitarrista), por cuanto "cada día suena mejor...".
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