Un estudiante de arquitectura montevideano, joven y desconocido, se había propuesto componer una marcha musical para un evento de máscaras durante el carnaval de 1916. En manuscritos muy poco prolijos desgranó los compases de un tema que serviría para la presentación de una agrupación carnavalesca universitaria.
El joven era Gerardo Hernán Matos Rodríguez (Becho) quien creó la obra y la interpretó por primera vez, a partir de lo cual su trabajo se difundió por las calles de la ciudad hasta que en abril de aquel año, su autor la acercó, en forma anónima, al renombrado pianista y director de orquesta argentino Roberto Firpo, atracción tanguera del café y confitería “La Giralda” que funcionaba en el Palacio Salvo montevideano.
La primera grabación fue la de la agrupación orquestal del maestro Firpo para el sello Odeón, en septiembre de 1916 y apareció en agosto de 1917, cuando el músico la llevó a Buenos Aires, interpretándola en el porteño café “Iglesias”, incorporándola a su repertorio, transformándose en difusor de la obra, luego considerada definitivamente como "el himno de los tangos". En forma abrumadora el tema triunfó como instrumental y Firpo le propuso a Matos firmarlo “en colaboración”, pero el joven estudiante se negó a ello.
El nombre de la pieza surgió de un mozo de origen italiano de un bar montevideano del hoy Parque Rodó: “- otra vez la cumparsita de los estudiantes -"..., disminuido primero como “Cumparsita” más tarde fue “La Cumparsita”.
En 1924, cuando Matos vivía en París, conoció al afamado músico maragato Francisco Canaro. Así se enteró del éxito que su composición estaba teniendo, a partir de que aquel había llevado la obra a Francia, desde donde el suceso se difundió por todo el planeta. Sin la autorización de Matos, los creadores Contursi y Maroni le escribieron una nueva letra que se estrenó dicho año en el teatro Apolo de Buenos Aires, a la que bautizaron con el primer verso: “Si Supieras”, llevada al disco por Carlos Gardel, en su primera versión con acompañamiento de dos guitarristas. Lo cierto es que la nueva letra, fue considerada superior a la original y, en definitiva, fue la que trascendió el paso del tiempo.
"La Cumparsita" llegó al cine. En 1947 se estrenó con ese nombre una película dirigida por Antonio Monplet, con la participación del actor y cantante Hugo del Carril. Fue además el título con que se conoció en España el largometraje "Canción de Arrabal", de Enrique Carreras (1961) y ha sido incluida en numerosas películas, de acá y de más allá, en innumerables oportunidades.
Ícono del género, es el tango más grabado y difundido de todos los tiempos, el más representativo, el que todo el mundo reconoce de inmediato, cualquiera sea su versión. Por Ley de 1997 su música fue declarada “Himno cultural y popular de la República Oriental del Uruguay”.
Los misterios que esconden sus compases lograron hacerla penetrar en el gusto y la preferencia de tantas y tan diversas gentes. Producto de su carácter seductor “La Cumparsita” se ha afincado, además de toda nuestra América Latina, en los principales países de Europa, en Japón, Israel, Australia, y tantos otros sitios, para crecer en popularidad a lo largo y ancho del planeta, a tal punto que en Angola y Turquía es utilizada como Marcha Nupcial.
El maestro Canaro señalaba que «...tiene la particular virtud de que la estructura de su música se presta maravillosamente a ser enriquecida por orquestaciones de mayor vuelo. Todo le viene bien: armonías para violines, variaciones de bandoneones y otros importantes instrumentos, al margen de un sinnúmero de atrayentes efectos musicales que los orquestadores y directores aprovechan hábilmente para lucimiento de sus respectivos conjuntos. Cada director tiene su propio arreglo, su versión personal y, orgullosamente, está persuadido de que su interpretación de "La Cumparsita", es la mejor que existe...».
Este tango, de espectacular difusión, incomparable al resto de los tangos es, en apariencia, sencillo pero contiene una melodía tan atrapante como bella y posee la peculiar condición de recrearse permanentemente, conforme sea la personalidad musical de su eventual intérprete. Quienes hemos tenido oportunidad de viajar fuera de fronteras debemos reconocer la emoción que entraña escucharla hasta en los más lejanos lugares. Es que nadie puede dudar que la llevamos debajo de la piel.
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