Con muy buen criterio el Supremo contrató, como conductor, a un personaje conocido. El arca de allá lejos se merecía alguien que supiera del oficio de ser el timonel en tales circunstancias. Un diluvio azotaba la Tierra, de modo que “el de arriba”, mientras enviaba tanta agua, llevaba adelante su plan, dándole al capitán de la nave un cúmulo de precisas instrucciones.
Así fue como, con tanto animal encerrado, en tan distinguida vivienda, se sucedieron acontecimientos que permanecerán inalterables en la memoria colectiva.
Algunos camarotes del barco fueron recinto propicio para ver y oír, en vivo y en directo, los hitos amorosos abordados por unas cuantas parejas, de las que ascendieron inicialmente a la nave, con su consentimiento, para un enclaustramiento mientras no se produjesen cambios en el estado de situación.
La vida en el interior del navío era muy confortable por el tipo de equipamiento con el cual aquel contaba. La alimentación de los huéspedes era de primera calidad y cada salida a escena siempre estaba rodeada de gran expectativa.
Siete u ocho parejas fueron suficientes para iniciar el periplo que, transcurrido un lapso de 40 días ya estaría viviendo etapas de definición.
Hubo momentos en que el hermano mayor, Sem, el semita, se ponía preguntón, casi insoportable, y dentro de una especie de confesionario, hurgaba en la vida privada de cada uno de los bichos, miembros del clan flotante.
Otros personajes, descendientes de la dinastía de Cam, se mandaban cada macana, lo que inducía al resto de la tripulación a pensar que esas bestias “siempre andaban haciendo cosas de negros”.
Por último, los que tenían como guía a Jafet, los jafetitas, eran blancos, acomodaticios y muy dispersos.
De vez en cuando algún integrante debía abandonar la residencia bíblica, porque así lo decidía el resto. Si era de género masculino, y si sabía nadar, podría regresar a su vagancia y desempleo en la jungla, mientras que si era de género femenino, la popularidad conseguida le ilusionaba con mostrar sus plumas, su piel o sus atributos depilados en la tapa de alguna edición mensual de Playboy.
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