Todo el mundo sabe que son de origen judío o, mejor dicho, originados o creados por personajes judíos, unos cuantos inventos, a partir de los cuales el referido pueblo milenario hace un culto a sus descubridores, inventos que conocemos a lo largo de nuestras vidas, desde la Teoría de la Relatividad, al pantalón jean, desde la vacuna antipoliomielítica hasta el psicoanálisis, desde el Facebook al marxismo, por nombrar solamente algunos de los más famosos.
Sin embargo hay muchas otras invenciones que tienen su génesis en celebridades judías, algunas de las cuales poseen un auge relevante particularmente por acá cerca, entre nosotros los rioplatenses.
Fíjense. Hace muchísimos años había un pastor de ganado ovino que, por esas cosas de la vida, en medio de un ataque de su tozuda tartamudez, una vez observó frente a sí un arbusto campestre que tenía la peculiaridad de que ardía y no se consumía. Entonces, al verlo diferente a otros combustibles del monte, por la mencionada característica, dijo: -Esta es la mía. Acá está la solución que he esperado tantos y tantos años para poder dejar de comer cordero al microondas, sin gusto a nada. De ahora en más será otra cosa, Ya me estoy relamiendo por esa paletita bien cocida y mejor ahumada. Desde hoy el fuego no se me apagará como las miles de veces que lo he intentado, sin suerte, hacer duradero. Aarón, hermano mío, guardame estas tablas que estuve escribiendo desde hace varios días y traéme un borrego que lo voy a poner a asar al pie de esta zarza ardiente, emblemática y bíblica como ninguna. Y atenti: Señores, pueden decir tranquilamente que acá, camino a Jerusalén –y aunque todavía no he concluido de armar la receta más económica de un buen chimichurri- ¡ha nacido el cor, el cor, el cor, el corderito a las brasas!.
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