Eva se paseaba muy feliz y muy desnudita por el Paraíso hasta que en determinado momento de atrás de un árbol apareció… una serpiente y le dijo:
- Evita, Evita, no lo evites. Mirá, aquí te traigo una manzana para que la pruebes. Verás que es casi igual a las del súper: no tiene gusto a nada, de barato tampoco tiene nada, es medio "acorchada", pero es relinda de color y de tamaño. Yo no creo que te desagrade. Es de atmósfera controlada, ¿sabés?. Dále, que después también se la vamos a dar de probar a tu marido y verás las cosas lindas que van a poder hacer juntos, cuando se den cuenta que están desnudos-
- ¿Te parece?-
- ¡Obvio, muchacha!. No te demores en pegarle un mordiscón, acordate que por allí anda el viejo Isaac, sacudiendo los manzanos, tratando de averiguar por qué las frutas se caen al suelo y con ello lo único que va a conseguir es que todas las hermanas de esta que te ofrezco se hagan puré contra el piso y, por ende, después las tendremos que comer o sucias o machucadas. O, en el mejor de los casos, atacadas por unos congéneres míos, bien chiquititos, casi blancuzcos y recontra-movedizos que se aprovecharán de la situación-
- Pero… ¿y si se enoja el que te conté?-
- ¡No seas tonta!. Ya sos grande y llegó la hora de que te avives un poco. Vas a ver las cosas, divinas, que se te vienen por delante…-
- Y…¿por qué primero no la prueba él?-
- Ya lo hará, no te preocupes. Dejalo que termine su clase hortofrutícola del día, del otro lado del monte, y a su regreso a casa por la noche no creo que deje de hacer los deberes antes de dormirse-
Cuenta la leyenda que también Adán, al anochecer se mandó una buena porción de manzanas, ralladas y con azúcar.
Al día siguiente, muy temprano, apareció Dios y, antes de que se tentaran de nuevo, les sacó tarjeta roja a ambos y los mandó a los vestuarios, sin demasiadas explicaciones.
A ella no le gustó mucho la ropa que el Creador le había fabricado para que se cubriera un poco y prefirió usar un hilo dental hecho con un adecuado trozo de liana suave y flexible.
Por su parte, Adán se vistió con la hoja de higuera que el propio Creador también le había preparado para ocultar su desnudez y fue y le dijo a Eva:
- Vos sabés que Dios estaba recaliente y, retándome, me habló de un polvo. Pero no le entendí mucho, que digamos. ¿No habrás andado contándole nada, no?-