En el principio creó Dios el estadio y el campo de juego.
Y la gramilla estaba muy crecida en algunas partes y en otras ni gramilla había.
Y dijo Dios: Sea la luz; y se instaló magnífica iluminación mundialista.
Y con eso terminó el primer día.
Luego dijo Dios: Haya cómodas tribunas, baños limpios y estacionamiento vigilado.
E hizo Dios la separación: las tribunas para el local, por un lado y para el visitante por otro. Y lo mismo hizo con los baños.
Entonces le dio nombre al Club, al Estadio, a las tribunas y hasta a las cabinas de transmisión.
Y con eso terminó el segundo día.
Y dijo también Dios: que crezca buen césped y que haya suficiente agua para regar el campo de juego, que sean cómodas las butacas individuales y las puertas de acceso y salida.
Y creó la indumentaria y el escudo oficial del Club. Y fue así. Y vio que estaba todo bien.
Y con eso terminó el tercer día.
Dijo luego Dios: Necesito un calendario, de lo contrario no podré armar un fixture coherente y respetado. Y los creó. Y vio que estaba bueno y entendible. Y creó instalaciones para un futuro Museo que fuese orgullo nacional.
Y con eso terminó el cuarto día.
Y Dijo Dios: Que nazcan aves, preferentemente metálicas, que sobrevuelen el estadio los días de partido, en la abierta expansión de los cielos. Y creó Dios los monstruos que siempre buscan motivos para burlarse. Y como vio que tendrían la debacle asegurada, resultó que estaba muy bueno.Dios les dijo: bestias, llenaos de ilusiones, pero ya sabéis quién será el más ganador.
Y con eso terminó el quinto día.
Y luego dijo Dios: Prodúzcanse los seres que se arrastren. Y se produjeron y reprodujeron. ¿Y con eso qué?
Y luego Dios hizo las serpientes y animales de distintas especies y les hizo camisetas de diferentes géneros.
Y vio Dios que era bueno.
Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre, a los 11 hombres, conforme a nuestra semejanza; y más tarde creó Dios al plantel profesional y a la hinchada. Y los creó a su imagen y semejanza y los bendijo for ever. Y vio Dios que estaba rebueno.
Y con eso terminó el sexto día.
Y así llegó al día séptimo. Pero ese día descansó y obligó al descanso de todos. Pero después que así lo había dispuesto se dio cuenta que era sábado.
Entonces arrancó para la cancha, Y se fue corriendo a ver el partido de la B Nacional en el que su cuadro hacía de local y se deleitó con una habitual goleada de los suyos en el estadio que él mismo había concebido.
Y vio que estuvo muy bien toda la obra que había hecho.
Y con eso se fue a dormir ese séptimo día, -luego de decretarlo profundamente santo- con la conciencia tranquila y una sonrisa entre los labios.
Amén.