Allí andan los investigadores, los sociólogos y los historiadores, entre otros intelectuales, hurgando en la historia para determinar cuál fue el primer lock out.
Y se devanan los sesos tratando de establecer la fecha y el evento que dio origen a lo que la OIT define algo así como "el cierre de un lugar de trabajo o la obstaculización de la actividad de los obreros con la intención de expresar quejas”.
Lo cierto es que no se ponen de acuerdo si fue hacia 1864, hacia 1875, o hacia 1929, a raíz de diversos casos que la historia recoge en detalle como posibles actos donde el lock out se puso de manifiesto por primera vez con mucha fuerza y repercusión internacional.
Si el lock out en una empresa o un emprendimiento es algo que se decide o se impone desde arriba (…) y generalmente deriva en que el que manda evita que el de abajo logre acercársele para debatirlo o negociarlo, entonces para los que se acuerdan nada más que un poco de lo que les contaron cuando niños acerca de diversos relatos que los libros bíblicos recogen en el Génesis, no les será muy dificultoso hallar la respuesta que tanto buscan los eruditos que citamos más arriba.
Si no fue un lock out lo que se mandó el Supremo Arquitecto del Universo con los que quisieron acercarse a él y decidieron construir una torre, ¿cómo podría llamársele?.
Cuenta la leyenda que en aquellos días en Babilonia si un obrero le pedía un martillo a un compañero, éste le daba una carretilla o si le solicitaba un balde, su colega le entregaba una pala…
Es bastante parecido a lo que ocurre en nuestros días: vos le pedís a los parlamentarios que aprueben algún decreto que aumente las penas para los delincuentes y ellos sacan un decreto que aumenta... sus salarios… o les pedís que manden investigar las salidas con viáticos de los políticos al exterior y mandan investigar si los delincuentes presos en las cárceles pueden salir al patio, tal como obligan las normas internacionales sobre DD.HH.
Pero volvamos a Babel. La medida que tomó “el de arriba”, repercutió en los de abajo. Y la confusión y desinteligencias que se produjeron con la aparición en escena de las diferentes lenguas, que comenzaron a hablar los operarios de la torre, hizo finalmente detener y fracasar el proyecto, que a pesar de haber sido decidido por la mayoría, no prosperó porque la democracia aún no estaba inventada y para ello todavía debería pasar mucha agua bajo el puente, hasta que aparecieran en escena los atenienses, como se sabe.
Y la gente, en un desconcierto generalizado, comprobó que la lengua materna resultaba ser diferente de la lengua de las botineras, o que la lengüita a la vinagreta no tenía nada que ver con la lengüita de gato, o que una lengua viva no tenía puntos de contacto con una lengua sagrada.
Con la aparición de tantos idiomas los traductores aplaudieron la medida bíblica y comenzaron a hacer su negocio. Los poetas sintieron que su ego subía mucho más alto que la torre, cuando comenzaron a ver que sus versos, escritos en sumerio, estaban siendo publicados en mapuche, en aimará, en quechua y hasta en chibcha, a pedido de unos folkloristas que querían ponerles música… En las escuelas y colegios hubo que contratar maestros y profesores, especialistas en diferentes idiomas, dando trabajo a mucha gente. Y tantas otras cosas, gracias a un lock out nacido de una envidia, la envidia de que otros se vayan para arriba…