fotografía: Leandro Pacheco
No sé qué hago, ni por qué entré, aquí. Estoy en este boliche a una hora en la que suelo andar levantando pedidos de mis clientes. Éste no es el sitio donde almuerzo, ni el lugar donde acostumbro a cerrar algún trato comercial.
Entonces, ¿será que alguien guió mis pasos hasta hacerme sentar a una mesa en la que nunca estuve, en un bar al que, a pesar de su fama, jamás había entrado antes?.
Y ahora vendrá el mozo y me preguntará qué deseo. Debo tener pensada y pronta una respuesta. Pero es que no quiero beber nada, tampoco tengo apetito a esta hora.
Y si, antes de que eso ocurra, me levanto y me voy, tal vez no quede muy bien. Pensarán que no estoy dispuesto a pagar los precios del local, o que vi demasiadas moscas, o que olvidé mi billetera, o que ingresé sólo para ir al baño. ¡Qué situación!.
Ya sé. Le diré que entré para escribir, antes de que se me olvide, el título que se me ocurrió para mi última novela: “El asesinato que se escondió en la borra de un café”.
* * *
SUSCRIBITE a esta promo especial