No sé por qué si los japoneses ‘se meten’ con nuestro tango, bailándolo, yo no puedo ‘meterme’ con sus haikus, escribiéndolos…
El dos por cuatro
se va multplicando
dentro del alma.
Mudo, Morocho
Mago, Troesma y Zorzal
Carlitos, Chaná.
Escribir tangos
es cosa que me gusta
si estoy en París.
Aire de fueye
conversa con un tango
en zaguán sin luz.
Esquina y farol
cigarro y rato después
dos sombras en paz.
Ventana y café
unidos en acordes
desde la pasión.
Perdió el bandoneón
en una apuesta fatal
desafinando.
No mires atrás
que el tango ha terminado
sin decir adiós.
Llovizna y charcos
y un tango que ha venido
a saciar su sed.
Duerme la ciudad
mientras suben milongas
por la avenida.
No soy el tango
que esperaste conocer
en la milonga.
Me encantó tu fa
que pusiste bajo el sol
al darme tu si.
Delicada voz
para violín y piano
sin pentagramas.
La Cumparsita
ha recorrido el mundo
sin pasaporte.
Bailar un tango
es tarea compleja
si tenés callos.
Escucho tangos
cuyas letras imponen
negras y blancas.
Banjo y bandoneón
violín y batería.
La atípica.
Tachero silba
el tango que me gusta.
Es Buenos Aires.
En Toulouse dicen
en Tacuarembó dicen
y nadie canta.
Besame sin fin
que entre tangos espero
hacer lo mismo.
Vamos con ritmo
que se derriten tangos
bajo la lengua.
Tomo y obligo
por un último café
de los mareados.
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