Por JOSE SUPERA
Escritor
HOY
Somos. Un pozo. Sin fin. En 49 entre 9 y 10. En el medio de la calle. En el centro de todas nuestras cosas. Lleno de agua. Mi cara. El reflejo. Eso soy yo, eso somos todos, eso vamos a ser todos siempre. Agua. En un 90% de nuestro cuerpo. De todos nuestros cuerpos. Pero también en el alma y en los sueños y en todos los miedos que desde ese día suben y suben y suben. Y nos hunden. Para después salir a flote. Porque hay marcas de agua que quedan. Que no se borran. Porque algunas van a quedar siempre. Nunca nada jamás en toda la vida y en ningún tiempo y de ningún modo van a borrarse. Somos lo que pasó. Somos una sola cosa.
AGUA
Casi un año atrás
El agua subiendo. Acercándose a las estanterías. Las estanterías donde están los libros. Los libros donde están las historias mil veces leídas. Historias también mil veces contadas. Inundándose los personajes. Ahogando las voces en primera o en tercera persona o da igual el punto de vista del narrador, la cuestión es que los ahoga, no los deja hablar, la tinta se disuelve, las cosas se pierden. Siglos de historia cubriéndose de agua. Algún detective privado que ya no va a investigar más. Un cuento de amor que pasará a ser olvido. Batallas épicas bajo un mar negro. Subiendo el agua. Subiendo por las paredes porque afuera de la biblioteca no para de llover. Los libros de geografía, de arquitectura, todos hundiéndose. La Biblioteca Popular “Carlos Bormida” ya no es de la gente sino de la lluvia que se mete por las ventanas y las puertas y ahora los libros de la A a la J, van flotando, en un mar de tristeza. Los libros de la A a la J. Hinchados. De muerte y olvido. Pero eso ya es cosa del pasado.
OTRA VEZ HOY
Que se junten las plumas y los lápices y los corazones y que vuelva a escribir la historia, que la recreen, para aprender de ella, para crecer, para reemplazar esos libros que ya no están. Por eso, a un año de la inundación, se va a publicar un libro, con las historias que trajo la lluvia, para llenar el vacío que dejaron los otros libros. Relatos, crónicas, poemas, cuentos, ilustraciones. La nueva ola de dibujantes y narradores platenses está ahí, remando contra la corriente de la ignorancia. Y todo lo que se recaude en la venta del libro Agua en la cabeza será destinado a la Biblioteca Popular “Carlos Bórmida” del Barrio San Carlos.
La movida fue convocada por Club Hem editorxs y Pixel Editora. Leonel Arance, de Club Hem, cuenta que “con el objetivo de financiar la publicación, se subió el proyecto a la plataforma web Ideame. Son treinta narradores y treinta dibujantes. Las historias reúnen hechos aislados y generales, personajes mínimos, ficciones y sensaciones que permiten construir cierta cartografía de la ciudad y sus alrededores. Algunos de los reconocidos autores que participan en la antología son Juan Bautista Duizeide, Julián Axat, María Laura Fernández Berro y Eric Schierloh, entre otros”.
AYER Y HOY A LA VEZ
“...y escuchás el grito más desesperado que escuchaste jamás, parece un trueno que cae de golpe, ves a una señora que se la lleva la corriente, sí, se la lleva el oleaje turbio, la señora se agarra a un canasto de basura en la vereda, y ya no importa nada, gritás como loco, ves que tu perro te escucha y se baja de la escalera y se lo lleva el agua que ya subió a los dos metros y corre a una velocidad de catarata, vos medís metro ochenta y cinco, te vas a ahogar, pedís a tus vecinos que te tiren sábanas y con un flaco se le acercan para decirle que no importa esa cartera que agarra como si fuera lo más importante de su vida....”. Fragmento de Dura el agua negra que sube, de Juan Mannarino.
“... quiero cargar más de veinte bolsas de basura -las de consorcio, las más grandes- porque está anunciado lluvia y ahora la lluvia es eso que me preguntó un amigo al oído hace un día: ‘¿nos vamos a morir?’, porque si llueve se tapan las zanjas, los desagües, se tapan hasta los caños de escape de la basura que hay. Y yo que ando todo el año con la nariz tapada, la humedad de ahora, el fuego, el agua. Y ahí está el contenedor del camión de basura que apunto y a dos manos revoleo más de veinte bolsas de las grandes -las de consorcio- como si fuera un tipo desesperado por la basura. Un tipo que tiene algo serio contra la basura....”. Fragmento de En la tumba de flores con agua, de Facundo Arroyo.
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