Justificada inquietud vecinal por la acción de jóvenes que causan desmanes callejeros

Hace ya varios años que algunos desmanes y actos de vandalismo en calles de La Plata, cometidos mayormente por grupos de jóvenes o de motoqueros, vienen originando malestar e inquietud, sin dejar de mencionar los daños materiales que causan en perjuicio de los pobladores o del patrimonio público. Se trata de episodios que demandan una mayor presencia policial, fundamentalmente en acciones de naturaleza preventiva y disuasiva que no parecieran difíciles de desplegar, en especial ahora que se cuenta con el recién creado cuerpo de policía municipal.

En esta oportunidad corresponde aludir a los lamentables episodios protagonizados por unos treinta jóvenes que, en la zona de las calles 54 y 25, frente al Parque San Martín y en horas de la madrugada, causaron serios destrozos en al menos doce automóviles que se encontraban estacionados, en una acción típicamente depredadora que se conoce como “caminata lunar”, consistente en correr por encima de los techos y capots de los vehículos.

Según el recuento realizado por los vecinos, al menos una docena de vehículos aparecieron abollados o con los parabrisas destruidos, después del vandálico ataque. Según el relato de damnificados, corrían altas horas de la madrugada cuando los frentistas de calle 54 entre 25 y 27 despertaron sobresaltados por el ruido de golpes, vidrios rotos y alarmas activadas de los autos. Tal como se informó en este diario, al asomarse por las ventanas pudieron comprobar que unos treinta chicos corrían sobre los techos de los autos, rompiendo con palos los parabrisas y lunetas, así como los espejos laterales.

Lo cierto es que esta modalidad se inició en nuestra ciudad a mediados de 2011 y ahora ha reaparecido con cierta virulencia. Pueden mencionarse también casos análogos, como los registrados por grupos de jóvenes que se desplazaban en bicicletas y cometieron actos de vandalismo contra varios vehículos, estacionados en la cuadra de 37 entre 3 y 4, como así también las acciones, ya claramente delictivas, que despliegan los llamados “quemacoches”.

En las numerosas ocasiones anteriores en las que se tocó este tema, se aludió a que el concepto de seguridad incluye la ponderación de múltiples factores, entre ellos el de que el accionar policial disponga de capacidad preventiva y operativa suficientes, a partir del cual el Estado pueda diagramar, si es que correspondiere, una equilibrada estructura penal. La creación de la Policía local apuntó, justamente, a acentuar esta presencia disuasiva.

Pero también se ha insistido en la necesidad de que la población comprenda cabalmente el significado y la importancia que tiene el espacio público, cuyo uso e integridad no pueden verse degradados por ningún tipo de comportamiento antisocial.

Es de esperar que este negativo panorama se revierta alguna vez. Lo que se reclama, en realidad, no pasa de ser el despliegue de mínimas, pero constantes, actividades preventivas, sin perjuicio de las acciones que correspondan cuando existan transgresiones y delitos constatados. No es tan complicado. No sólo se los puede topar cualquier patrullero cuando salen “a pasear”, sino que los vecinos, tal como en este caso lo han hecho –más allá de reiterar que la responsabilidad prioritaria e indelegable es del Estado- pueden colaborar con sus testimonios, interesados, como están, en que sus vehículos no sufran roturas cuyas reparaciones resultan tan costosas.

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