No podrán desmentirme, quienes tienen alma futbolera como yo, que seguramente alguna vez les tocó vivir la experiencia de ver o encontrarse con algún ejemplar de experimentado gorrión, o de novel paloma, haciendo de las suyas en el campo de juego, sobre la gramilla cortada a la perfección, de cara al sol con los primeros brotes, luego de la razzia de las máquinas segadoras…
Es común, pero la gente no les presta demasiada atención a quienes buscan minúsculos y exquisitos platillos para degustar antes que comience el match del domingo. Es que durante el partido podrán aparecer otros encuentros cercanos de diferente tipo… sobre todo si algún perro, generalmente de raza olvidada o no reconocida, salta al campo de juego, hasta con resultados, en ocasiones, de interrupción del enfrentamiento deportivo.
Uno puede suponer que es la mascota del canchero o de alguno de los miembros de seguridad permanente de las instalaciones, o de alguno de los encargados de algo, que siempre hay allí y no es infrecuente que súbitamente aparezcan en escena. En cambio, si se trata de gatos, los felinos también viven en los estadios de fútbol y sus alrededores. En ocasiones los llevan para actuar como perseguidores de los roedores que muchas veces pululan por allí. En ocasiones son compañeros de algunos personajes de esos que ‘viven y mueren’ por el club de sus amores, tanto que terminan haciendo del estadio de su amada camiseta su casa, su hábitat, su vida.
En ese escenario un gato es un muy buen amigo para paliar las tristes soledades de ciertos momentos. O sea que, en definitiva, seres del reino animal como gorriones, palomas, perros, gatos y hasta roedores son parte del paisaje zoológico más habitual de una cancha de fútbol, antes, durante o después de un partido.
Lo que sí me atrevo a aseverar es que la gallina es un ejemplar que no pertenece directamente al entorno de un estadio de fútbol y, en todo caso, es un personaje animal que, puesto en esa escena, representa a otro circo, al circo que ciertos humanos crean y alimentan para condimentar intereses existenciales asociados a lo burlesco de los fanatismos que suelen ir a dar a la carpeta de los análisis sociológicos.
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