La idea es ubicar las plantas de modo tal que parezca que han crecido naturalmente donde están, como si la naturaleza hubiese ido conquistando ese espacio.
Es simple: deben combinarse céspedes, bulbos y plantas que tengan las mismas necesidades en cuanto a luz, agua y tierra, es decir, que por naturaleza estarían en un mismo lugar.
No se piensa cada planta por separado. Al contrario, el objetivo es armar un conjunto bien variado y abundante de colores y formas que no parezca ordenado.
La realidad es que muchas de las composiciones son demasiado variadas para crecer sin la mano de un jardinero, pero el concepto de base es que parezca que uno está en un entorno natural y despreocupado. De hecho, este tipo de jardines tienen la ventaja de que requieren menos cuidados que los jardines tradicionales.
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