“Ahora agarrá esta pistola y tirá. Lo vas a tener que matar vos a tu marido”, le dijeron unos ladrones a una médica. La entradera que hubo en una casa cercana al Parque Castelli tuvo condimentos parecidos a los de una película de terror.
Una hora con cuarenta minutos fue el tiempo que los cuatro delincuentes permanecieron en la casa de 69 entre 22 y 23.
A las 2 de la madrugada de ayer, la banda esperaba en una camioneta 4x4 blanca, estacionada en la vereda opuesta a la que caminaron las víctimas, que recién llegaban después de cenar.
“La Policía dijo que fue un robo al voleo”, señaló Rubén Adolfo Eiras (71), el dueño de la casa. Sin embargo, que los asaltantes hayan estado agazapados a pocos metros genera suspicacias.
Lo que pasó a continuación fue lo típico en un robo de estas características. Mientras el jubilado guardaba su Ford EcoSport en la cochera, su mujer intentaba cerrar el portón.
“Tratamos de apurarnos por el tema de las entraderas”, argumentó Rubén, acerca de un intento de prevención que no le alcanzó.
Todos veinteañeros, cada uno de los delincuentes tenía un arma en la mano. Algunas parecían calibre 45 o 9 milímetros. Solamente uno tenía la cara tapada.
El jubilado reconoció que, cuando se vio amenazado por dos de ellos, intentó hacerles frente. “Quedate quieto, porque te quemamos”, fue la áspera réplica que lo cortó en seco.
A lo largo de los cien minutos, el matrimonio padeció “mucha agresividad” por parte de la banda, sobre todo en cuanto a las amenazas que lanzaban.
Por ejemplo, a él lo mantuvieron 20 minutos boca abajo en el garage, mientras un ladrón lo controlaba a él y vigilaba que nadie los delatara.
La prohibición de moverse o de mirarlos se mantuvo para la pareja durante toda la entradera.
Con un paso arrasador, los delincuentes registraron cada mueble o sector de la casa donde supusieron que podían encontrar dinero o efectos de valor.
“Plata y oro”, eran las obsesiones de los intrusos. Inclusive, reclamaron la apertura de una supuesta caja fuerte que los delincuentes creían encontrar ahí.
Los poco más de cuatro mil pesos que la médica tenía en su poder sonaron a poco para ellos. Nada los saciaba, y por eso siguieron, cada vez con más violencia.
PESADILLA
“Perdiste, viejo. Te mato”, le ladraron al jubilado con una pistola en la cabeza. A su lado, la profesional estaba retenida con una espada -recuerdo familiar de él- apoyada en el cuello.
Luego llegó la orden para la mujer de que, con una de las pistolas de los ladrones, tenía que matar a su esposo. El terror se completó cuando a Rubén lo ataron con corbatas de pies y manos, y a su mujer en los tobillos.
La lista de objetos robados fue extensa. Incluyó tres televisores, tres computadoras -parte de ese equipamiento era del consultorio de la médica-, un equipo de música, una cámara de fotos, las llaves de la casa y la EcoSport.
“Ahora nos vamos, te tocamos bocina y te soltás”, fue la despedida socarrona de los asaltantes. En la camioneta huyeron rumbo a la Cumbre. En una zona descampada, en 35 y 132, apareció un rato después ese vehículo, con el tapizado quemado, en un aparente intento fallido por incendiar todo.
“La Policía vino rápido”, comentó Rubén, en el inicio del trabajo que incluyó pericias e investigaciones. Los trámites y el nerviosismo no lo dejaron dormir. “Estuvo muy feo, la verdad es que no se lo deseo a nadie”, resaltó.
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