Se sabe: pocas cosas alteran más cualquier rutina que el miedo a ser víctima de algo, aunque no siempre alcanzan los recaudos para sortear aquello que se teme. Una familia de Tolosa tenía terror de ser blanco de una entradera, por lo que tomaron la precaución de asomarse cada mañana a la vereda antes de sacar el auto para ir al trabajo.
Hicieron todo al pie de la letra, pero un imprevisto los demoró más de la cuenta y terminaron cara a cara con dos motochorros que hirieron a uno de los dueños de casa. Lograron frustrar el robo, aunque, ahora, el miedo es todavía peor.
Todo pasó a las 7 de la mañana de ayer en un chalet de 529 entre 117 y 118, donde una mujer abrió el portón del garaje y se cercioró de que no hubiera nadie cerca, para que su hijo Fernando (32) pudiera sacar su camioneta EcoSport blanca sin problemas. La idea era que el muchacho llevara a su hermana al trabajo y se fuera directo al suyo, pero, justo cuando se disponía a poner la marcha atrás, recordó que se había olvidado las llaves de la casa.
Bajó de la camioneta y entró corriendo al chalet para no demorarse más de la cuenta, mientras la madre y su hermana permanecían en la puerta, siempre expectantes. Entre la oscuridad y la niebla que lo cubría todo a esa hora ninguna de las dos advirtió que un par de sujetos se acercaban en una moto por la calle 117, con el motor y las luces ya apagadas para no llamar la atención. La maniobra fue exitosa.
“las escuche gritar y sali”
“Yo estaba buscando la llave de casa, cuando de repente escuché los gritos de mi mamá y mi hermana”, recordó ayer Fernando, quien volvió rápido al portón y se topó “con uno de los dos delincuentes ya dentro del garaje y apoyándole un cuchillo en la cintura a mi vieja”.
Esa escena bastó para impulsarlo a enfrentar al intruso, sin medir las consecuencias. En este punto el joven aclaró que en otro asalto que sufrió recientemente “me quedé tranquilo. Pero esta vez reaccioné para defender a mi vieja”.
Según explicó, con la intención de sacar al asaltante de su casa, de una patada lo empujó contra la parte trasera de la camioneta, momento en que notó que en la vereda lo esperaba un cómplice.
Entonces comenzó una pelea que trenzó a Fernando con los dos ladrones.
“Nos agarramos a trompadas y en pleno forcejeo se me doblaron dos dedos de la mano izquierda”, detalló la víctima, que en ese momento no advirtió que se los había dislocado. Tampoco notó cuando uno de los asaltantes le dio una puñalada en el muslo izquierdo.
“Lo supe más tarde -apuntó- cuando me atendieron en el Hospital Español, donde me dieron tres puntos de sutura y además me volvieron a poner los dedos lesionados en su lugar”.
En medio del forcejeo, Fernando escuchó a uno de los atacantes gritarle al otro “pegale un tiro”, “sugerencia” que paralizó de miedo a su madre y a su hermana.
Las víctimas aclararon que no vieron en ningún momento un arma, pero la madre de Fernando observó que uno de los motochorros “tenía una mano debajo de la ropa, como si ocultara un arma”.
“no se llevaron nada”
El joven confirmó a este diario que los motochorros escaparon con las manos vacías porque “no pudieron meterse en la casa”.
Fernando está convencido de que el único propósito de los motochorros era concretar la entradera, ya que ni siquiera intentaron llevarse la camioneta o los objetos que las víctimas tenían encima.
Del violento incidente dijo que “fue muy rápido, de unos poquitos minutos”. Y que los agresores escaparon apenas advirtieron que su hermana había pulsado el botón antipánico que instalaron como alerta vecinal en esa cuadra.
Recién cuando se dieron cuenta de esa situación “escaparon en la moto”, confirmó Fernando. Uno de ellos fue detenido poco después en el operativo que se desplegó en las inmediaciones (ver aparte). Su compinche, en tanto, escapó.
perdidas
El relato de un asalto no siempre termina con la fuga o la captura de los ladrones. Detrás de cada caso hay un lado B, secuelas que no siempre se cuentan.
“Ellos no se llevaron nada de casa, pero, igual, por todo esto yo perdí 3.000 pesos, entre la aplicación de la vacuna antitetánica, dos placas radiográficas y otros gastos”, lamentó el muchacho, que, obviamente, perdió el día de trabajo.
Por último, aseguró que es el primer asalto que sufren en ese barrio en el que vivieron “toda la vida”, aunque algunos comercios de la zona “vienen bastante castigados”.
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