Los príncipes Guillermo y Enrique recordaron en privado a su madre, Diana de Gales, cuya muerte, ocurrida el 31 de agosto de 1997, conmocionó al mundo y sumió al pueblo británico en un duelo colectivo sin precedentes en el Reino Unido. Los príncipes, nietos de la reina Isabel II, decidieron pasar esta fecha en la intimidad, después de honrar a su madre a través de un reciente documental en el que hablaron de su legado y personalidad y mostraron fotos inéditas de la familia.
Muchos británicos se acercaron al palacio londinense de Kensington, donde residía la princesa, para depositar flores, tarjetas y peluches, como forma de mantener su legado solidario vivo y recordar su influencia en la monarquía de Isabel II. No hubo demasiados objetos colgados en la verja del palacio en comparación al 31 de agosto de 1997, cuando los jardines de la residencia se transformaron en un océano de flores.
El monárquico Terry Hutt (82), conocido por presentarse siempre a eventos reales con un traje que lleva los colores de la “Union Jack” (bandera británica), estuvo ayer en el palacio de Kensington para rendir tributo a Diana de Gales, con una mezcla de alegría y tristeza. Desde la muerte de la carismática Lady Di, Hutt fue a Kensignton cada 31 de agosto, como forma de rendir tributo a un miembro de la familia real británica al que admiraba por su cercanía y su labor en pos de los más necesitados. “Diana fue especial. Ella modernizó a la familia real”, afirmó.
Los dos hijos de Diana se reunieron el miércoles con representantes de las entidades benéficas vinculadas a la malograda princesa y visitaron un jardín, que lleva el nombre de White Garden, creado en su recuerdo, además de acercarse a ver las flores y tarjetas dejadas por la gente.
Una de las mejores amigas de Lady Di, Rosa Monckton, calificó a la princesa, en una entrevista con el diario “The Times”, como una “mujer realmente extraordinaria”. “Rompió barreras y terminó con el mito de ser una princesa de cuento de hadas”, destacó.
El 31 de agosto de 1997, el Reino Unido amanecía con la noticia de la muerte de Diana -divorciada del príncipe Carlos y heredero a la corona británica- en un accidente de tránsito en París mientras viajaba con su amigo Dodi Al Fayed, quien también perdió la vida.
La tragedia ocurrió en el puente del Alma cuando el coche en el que viajaba la princesa iba a toda velocidad en un intento por escapar de la agresiva persecución de los paparazzi, los mismos que días antes la fotografiaron en Francia mientras pasaba unas vacaciones con Dodi Al Fayed y su familia, dueña entonces de los grandes almacenes londinenses Harrods.
La noticia del accidente, en el que también murió el conductor Henri Paul, llegó al Reino Unido de madrugada, cuando la princesa estaba aún con vida y hospitalizada, aunque se sabía que había sufrido heridas muy graves en la cabeza. Pero la confirmación de su muerte llegó unas dos horas después de fuentes reales, mientras Guillermo y Enrique pasaban las vacaciones con su padre y sus abuelos -Isabel II y su esposo- en el castillo escocés de Balmoral. A partir de entonces, niños, adultos y ancianos, unidos con flores, peregrinaron durante seis días hasta el palacio de Kensington y el de Buckingham para rendir homenaje a una mujer a la que admiraban con devoción.
Hasta el día del funeral -el 6 de septiembre de 1997 en la Abadía de Westminster (Londres)-, el Reino Unido vivió seis días que transformaron a la monarquía, vista hasta ese momento como distante y fría.
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