Hay que tomarlo como una señal de alarma. Es lo más apropiado. La Selección debe tomar nota de lo ocurrido en Montevideo y en el escaso tiempo que le queda, despertarse. Los mismos temores que se generaron después de perder en Córdoba ante Paraguay, que se reavivaron cuando Brasil le ganó con comodidad en Belo Horizonte y luego de caer en La Paz con Bolivia, surgieron renovados ahora con la actitud demostrada en el Centenario. Así, con el bajo vuelo observado en el Centenario, cualquier objetivo se tornará dificultoso.
Aquella secuencia de malos resultados dejó a Edgardo Bauza sin trabajo y le abrió las puertas al ciclo que conduce Jorge Sampaoli que hasta ahora cambió el clima pero no el nivel futbolístico. Sin el ánimo de caer en la liviandad de pedir soluciones mágicas de un día para el otro lo que sí se torna indispensable es que el cambio de rumbo se haga viable en el juego ya que por ahora sólo se modificaron algunos nombres. Las Eliminatorias se han tornado en una tortura ya no caben dudas. Que el tiempo se acaba y faltan respuestas, además de puntos, también forman parte de la escenografía en la que se desenvuelve en la actualidad nuestro equipo nacional.
Puede ser cierto que el punto conseguido la noche del jueves terminó siendo negocio. Fundamentalmente por la negativa cosecha de los rivales directos en las posiciones. Pero desde la posición de repechaje que ocupa actualmente la Argentina en la tabla, el reparto de unidades no resulta suficiente y ni que hablar de la incertidumbre generada por una producción de pobre para abajo.
Sólo Messi atendió el llamado de los requerimientos. El resto faltó a la cita. Las enormes expectativas que se generaron durante la previa cuando Sampaoli armó ese tridente cargado de talento con Lío, Icardi y Dybala en ningún momento se transformaron en situaciones reales en el campo de juego. Salvo el capitán que se cargó el equipo al hombro y trató en soledad llegar hasta Muslera, el resto hizo todo con lentitud, sin explosión e inexpresivo.
La iniciativa la tuvo durante la mayor parte del partido Argentina porque los uruguayos decidieron esperar y preocuparse más por protegerse que por buscar la forma de llegar hasta el área adversaria. Los de Sampaoli tuvieron mucho tiempo la pelota pero siempre se quedaron a mitad de camino sin la capacidad individual ni colectiva que les permitiera generar el golpe de nocaut. Todo fue tibio, inexpresivo y anunciado.
Pese al armado ofensivo que propuso el nuevo DT todo siguió dependiendo de un solo hombre. Messi, más sólo que nunca, fue la nota saliente de un equipo al que, entre otras cosas, le sigue costando muchísimo llegar al gol. Los números cantan: en 15 partidos, Argentina lleva convertidos 15 goles lo que la transforma en la segunda selección menos goleadora de las Eliminatorias superando sólo a Bolivia. Además en cinco presentaciones no pudo convertir. Preocupante.
La clasificación para la Copa del Mundo sigue abierta y el camino por recorrer no permite errores. Es ahora o nunca. El próximo desafío está a la vuelta de la esquina y allí veremos hasta donde tomamos nota de todas las señales de alerta que nos dejó el choque con los uruguayos.
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