Más allá de los “mal de amores” que puede causar, la fragilidad de los vínculos amorosos se afianza como una característica propia de esta época y deviene en tema de interés para investigadores que elaboran hipótesis que pretenden explicar el fenómeno.
Aunque la presencia de las redes sociales -como mediadoras de vínculos- influye en la forma que toman las relaciones amorosas modernas (y sobre este punto ahondan varios estudios); al igual que el consumismo y el individualismo que se promueve culturalmente, el sociólogo Pablo Riveros plantea la necesidad de ir un poco más allá y buscar las primeras causas en un nivel más profundo.
“El consumismo y el individualismo son condiciones sociales necesarias pero insuficientes para explicar la fragilidad de los vínculos humanos del mundo de hoy por el hecho de que ellos también son tendencias potenciadas por un cambio más profundo, de carácter estructural, que sufrieron las sociedades capitalistas contemporáneas”, señala Riveros, autor de la investigación “Deseo, sexo y consumo: amor líquido en tiempos de redes sociales”, que se expuso en la XII Jornadas de Sociología de la UBA.
El investigador se refiere al régimen de flexibilidad que se impuso en los ámbitos de la producción, del trabajo y del consumo a partir de la década del ‘70. “La flexibilidad que caracteriza las nuevas formas de vincularnos sería una continuidad superestructural de la flexibilidad que se impuso en la estructura de las sociedades”, plantea.
Para el autor, la mayor estabilidad laboral, la producción estandarizada y el consumo acotado va de la mano con relaciones amorosas estables y duraderas.
“En la actualidad, la flexibilidad se volvió el principio rector de la vida social en general. El trabajador partime, ‘golondrina’ o ‘a distancia’ propios del régimen laboral actual tienen como correlato la pareja a ‘tiempo parcial’, el touch and go, la ‘relación abierta’ o a distancia”, dice Riveros, y agrega: “Así como el viejo empleo se ha dividido actualmente en una sucesión de tiempos flexibles, empleos variados o proyectos a corto plazo (…) el viejo estilo de matrimonio ‘hasta que la muerte nos separe’ es reemplazada ahora por una ‘reunión’ de tiempo parcial y flexible”.
NUEVAS FORMAS DE PAREJA
Lo característico de esta época en cuanto a los vínculos amorosos no se agota en las dificultades para establecer lazos estables, sino que también se manifiesta en las nuevas formas o códigos que adoptan las parejas. La decisión de dormir en camas separadas o, incluso, de vivir en distintas casas, o de tener una relación “abierta” son algunas de las opciones que suman cada vez más adeptos.
“Los vínculos de pareja son tan variados como parejas pueda haber. Cada vínculo se conforma en función de acuerdos conscientes y contratos inconscientes”
“Los vínculos de pareja son tan variados como parejas pueda haber. Cada vínculo se conforma en función de acuerdos conscientes y contratos inconscientes”, dice Juan Eduardo Tesone, psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Argentina y psiquiatra de la Universidad de París XII, y explica: “Hay parejas para las cuales la monogamia es primordial y forma parte de un acuerdo mutuo, pero hay parejas, llamadas abiertas, donde experiencias puntuales con otras personas no son vividas como una ‘infidelidad’, sino como una experiencia posible que no compromete al vínculo”.
El especialista plantea que en las relaciones humanas y en la constitución de los vínculos muy pocos aspectos son el producto de la naturaleza: “Gran parte de los vínculos son de origen cultural, y como tales van evolucionando de acuerdo a las épocas”.
LA INFLUENCIA DE LAS REDES EN LA FORMA DE LOS VÍNCULOS
La influencia que ejercen las tecnologías y las redes sociales en la fragilidad que caracteriza a las relaciones amorosas de esta época es otro de los aspectos considerado por los investigadores.
“La soledad, la fragilidad de las parejas, los contactos meramente virtuales, el culto al cuerpo, el sexo exprés y sin compromisos, la dificultad de amar, estas prácticas no corresponden a unos pocos individuos sino que son cada vez más comunes entre los hombres y mujeres de nuestro tiempo”, plantea Riveros, que se propuso demostrar de qué manera las redes sociales como Facebook, Instagram o Tinder exacerban la fragilidad de las relaciones y promueven determinadas subjetividades.
Una de las hipótesis del investigador es que la cultura del consumo se extendió a todos los ámbitos de la vida.
“Se tiende a concebir a los seres animados e inanimados del mundo como objetos de consumo inmediato de los cuales se espera efectos inmediatos; esto es, según la cantidad de placer-utilidad que puedan llegar a ofrecer y según la ecuación costo-beneficio”, dice Riveros, y agrega: “Para consumir necesitamos poder ser consumidos. Y para poder ser consumidos necesitamos fabricarnos como mercancías: moldear nuestro cuerpo con el objetivo de aumentar nuestro valor de uso y, al fin y al cabo, ser intercambiables... Luego de ser consumidos están condenados a ser desechados y reemplazados”.
Para Riveros, las redes sociales constituyen un inmenso “catálogo” de cuerpos que se ofrecen para ser consumidos: “Al estilo de un aviso publicitario, hombres y mujeres procuran presentar lo mejor de sí –aunque también pueden apelar a una identidad falsa o distorsionada- bajo el formato de una foto, un video o un texto que especifica sus características o aclara sus expectativas (para adelantarse al clásico “¿qué buscas?”)”.
“Se tiende a concebir a los seres animados e inanimados del mundo como objetos de consumo inmediato de los cuales se espera efectos inmediatos; esto es, según la cantidad de placer-utilidad que puedan llegar a ofrecer y según la ecuación costo-beneficio”
La amplia oferta disponible y las facilidades que ofrecen las redes sociales para terminar el contacto con una persona e iniciarlo con otra contribuiría a la volatilidad de los vínculos actuales. Como afirmó el reconocido sociólogo Zygmunt Bauman, los encuentros on-line son citas menos riesgosas y ofrecen la certeza de que se puede volver al mercado para otra ronda de compras.
“Que los usuarios eviten los encuentros cara a cara, que se limiten a intercambiar mensajes de texto o que utilicen perfiles falsos, es sintomático de algo: las redes sociales, a pesar de cómo las promocionan las empresas, no se usan solo como un medio para concretar una cita sino también como una vía de entretenimiento. De ahí las conexiones esporádicas, las decepciones y el hundimiento de las expectativas por parte de aquellos que buscan algo más sólido”, dice Riveros.
También sociólogos del Instituto de Investigación Gino Germani -Maximiliano Marentes, Mariana Palumbo y Martín Boy- investigaron sobre la influencia de las nuevas tecnologías en las relaciones amorosas, en un trabajo que llamaron “Me clavó el visto: los jóvenes y las esperas en el amor a partir de las nuevas tecnologías”.
“Para nosotros las redes no son negativas: con ellas la gente se suma, se relaciona, se recontra erotiza. Solo que a veces, como permiten tanto control también hacen que el sujeto se descontrole más: nos hacen sentir que el otro no está haciendo lo que se espera”, señala Mariana Palumbo.
Una de las conclusiones a las que arribaron es que antes había más paciencia y era imposible estar sobre el otro. En cambio, en la actualidad , con la tecnología, las esperas ya no concilian con la idea de tiempos largos, y la necesidad de inmediatez genera escenas de conflicto, discusión, ira, bronca, desamor; “pero cuidado: también la resolución de escenas con esos condimentos pueden derivar en una mayor fusión entre los amantes y reconciliaciones que restablecen el equilibrio”.
Los investigadores sostienen que los emoticones, poner un “me gusta”, enviar un audio y hasta el sexo virtual forman parte de los nuevos códigos de la comunicación afectiva.
“Las redes sociales permiten otras formas de relacionarse, mostrar afecto y también de comenzar una disputa”
“Las redes sociales permiten otras formas de relacionarse, mostrar afecto y también de comenzar una disputa. Porque la promesa de fidelidad se puede romper si veo que mi pareja puso un ‘me gusta’ a otra persona potencialmente ‘peligrosa’ para el vínculo. O porque nos permiten tener información sobre los movimientos del otro: cuándo fue la última vez que tuvo el teléfono a mano, a qué distancia se encuentra de mí”, señalaron los investigadores en el informe.
En este sentido, plantean que las redes sociales también ofician de informantes: agregan información pública a la imagen que el sujeto amoroso tiene del sujeto amado. Además, permiten que los amantes sientan que están cercanos, aunque físicamente estén distantes.
Un dato que llamó la atención de los investigadores es que la mayoría de los jóvenes de entre 18 y 24 años manejaron conceptos que se vinculan con el amor romántico. “En esta generación aún sobrevuela la idea de “búsqueda” personal del ser amado ideal, los afectos y sus expresiones corporales -caricias o besos- por sobre la relación sexual, la idealización del sujeto amado, la propuesta de un proyecto compartido que perdure en el tiempo, la promesa de la fidelidad y la entrega total”, aunque en la práctica esta premisa pareciera cada vez más difícil de alcanzar.
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