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Los homicidios dentro de la familia: el huevo de la serpiente

Por ENRIQUE LUIS DE ROSA ALABASTERNeurólogo y psiquiatra

Hoy, un padrastro mata a una beba de 9 meses luego de violarla, ayer, una madre (¿el instinto materno?) degüella a su hija de 9.

Todos los días algún medio publica algo que nos aterra, que nos conmociona y, en alguna parte, se refiere al mismo como un crimen “aberrante”, dándole a la acepción de la palabra algo extraordinario, incomprensible, casi imposible. Aberrante refiere a algo más próximo en realidad y es algo que vaga, que recorre un camino por fuera de lo esperable dentro de la norma.

Ahora, un pequeño ejercicio para quien nos lee sería buscar en la sección policial del diario y vería que todos los días se publican varios de esos crímenes aberrantes. Al mismo tiempo sabemos que eso representa solo una ínfima parte, aquello que emerge, pero no el iceberg que representa la violencia intrafamiliar o doméstica, por ejemplo.

Siendo así ¿los crímenes son aberrantes en el sentido etimológico de la palabra o son la representación de una sociedad que ya está atravesada por la violencia?

Sin duda nuestra percepción es que estamos habitando un espacio social y temporal en el cual la violencia y aún más las formas más crueles de la misma, que repugnan y alteran la expectativa de norma, solo representan una ínfima parte de la realidad.

¿Es una lluvia o, por el contrario, una marea creciente y aparentemente irreversible?

Lamentablemente parece ser esto último, con el agregado de que la crueldad de los mismos es creciente, y esto a su vez tiene consecuencias. Esa es la naturaleza de la violencia, es contagiosa, es imitada, es aprendida y lamentablemente banalizada. Por eso lo que nos parece aberrante en realidad no es, ni más ni menos, lo esperable en términos sociológicos y psicológicos, y demostrado por innumerables demostraciones científicas.

La gente clama por penas, clama por clasificaciones, la idea del “loco”, tapa sin lograrlo el temor de esa marea convertida en tsunami y cree que catalogándolo lo exorciza.

Queda, sin embargo, solo una tarea y es evitar el siguiente, prevenir, educar, capacitar pero asumiendo que nos hemos equivocado en ese diagnóstico y, desde ya, en los medios.

Sino, y sin duda, será así y mañana estaremos hablando de otro crimen aberrante.

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