Atlético Tucumán no es Aldosivi ni Patronato. Tiene un técnico con mucha experiencia y jugadores clave en determinados sectores del campo. Por eso, aunque suene extraño decirlo, le manejó el partido a Estudiantes y al árbitro durante los 95 minutos.
Supo cuándo atacar y cómo, sus jugadores simularon infracciones para que Delfino mostrase tarjetas amarillas, mostró juego asociado en todo momento, y aprovechó cada error Pincha para lastimar.
El Decano se armó para jugar la copa Libertadores y no dejar de lado la Superliga. Por eso llegó a cuartos de final de la copa y marcha tercero en el torneo. Un buen técnico y buenos jugadores es una combinación que en un 99% de veces trae resultados positivos.
Jerarquía no sólo es dar un buen pase o controlar la pelota con el timming necesario: es saber manejar los tiempos de los partidos. Atlético Tucumán lo hizo y Estudiantes fue la cara opuesta de la moneda. Aun así, casi se vuelve a su provincia con las manos vacías.
La seguridad de Luccheti en el arco, la simpleza de Yonatan Cabral en el fondo y la presencia de Mercier en la mitad de cancha. Sumado a eso que Matos y Díaz siempre fueron una pesadilla para los defensores de Estudiantes. Pero el mejor fue Acosta, quien por la banda derecha hizo estragos: desde allí llegó el gol de la visita.
Atlético Tucumán se llevó el empate de Quilmes y fue justo. Porque tiene una estructura futbolística que es la envidia de muchos, entre ellos de Estudiantes, que no sale del fondo de la tabla.
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