“No nos pone feliz, pero nos ayuda que haya un detenido. Es un asesino que está en la comisaría. Es un hombre de 41 años que no tiene en mente lo que hizo”, dijo ayer a la prensa Maira Alzogaray, madre de Maite, al hablar sobre el acusado, que con la muerte de la niña enfrenta ahora cargos por “homicidio simple con dolo eventual”.
Eso implica que, para el fiscal Mario Ferrario, Walter Deheza tuvo que haberse representado- al disparar su arma- la posibilidad de herir o causar la muerte de alguien y no hizo nada para evitarlo.
Ese delito, agravado por el uso de arma de fuego, tiene una pena de entre 10 y 25 años pero el fiscal también le sumó una imputación por “tenencia ilegal de arma de guerra”, ya que el cobrador no tenía los papeles correspondientes a ninguna de las dos armas secuestradas en su casa, una Bersa 9 milímetros y una escopeta calibre 12/70 marca Tactical Technology. También se incautaron de una caja de transporte para la pistola Bersa con dos cargadores, cinco vainas servidas 9 milímetros y una caja con 35 municiones de ese calibre. Deheza se negó a declarar ante el fiscal Ferrario y si bien es el principal sospechoso que tiene la causa, también se presentaron espontáneamente en la comisaría de Parque San Martín dos policías bonaerenses y uno de la Ciudad de Buenos Aires, vecinos de la niña baleada, para entregar sus armas y ponerse a disposición de la Justicia.
“Si dios me la llevó es porque ella tenía un propósito. Nos va a guiar a nosotros dos y a su hermana para poder seguir hasta que este tipo quede preso. Esto no tiene pasar más. La gente con armas tiene que ser más consciente. Ahora no me dan más ganas de festejar más la Navidad. El 31 lo vamos a pasar llorando”, lamentó la madre de Maite.
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