Qué hacemos con un chico de 11 años que comete un delito es una pregunta que en una ciudad como la nuestra, llena de recursos académicos, no puede paralizarnos en el miedo y la estigmatización. La pregunta que debemos plantearnos es más bien cómo hacemos para devolverle a esos niños y niñas que nos interpelan la vida de nenes de su edad. Creo que la respuesta nos la dio hace tiempo el padre Carlitos Cajade: la única forma de devolverles esa infancia perdida es acercarse a ellos sin prejuicios, desde un lugar de dignidad; conocer sus historias, sus derechos vulnerados y sus necesidades, pero también sus intereses y capacidades. Cuando se empieza a trabajar cuerpo a cuerpo con los chicos muchas veces se descubre que tienen un montón de sueños y también un enorme potencial que nadie vio.
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