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EN CITY BELL

El emblemático consultorio del pediatra Alvaro Cortés cerró tras atender a 4 generaciones

Reconocido por su simpleza para explicar cada cuadro, fue testigo directo de los numerosos avances que tuvo la profesión

El emblemático consultorio del pediatra Alvaro Cortés cerró tras atender a 4 generaciones

El doctor Alvaro Cortés colgó un cartel casero con la frase “Cerrado por jubilación”/Gonzalo Calvelo

Como un “médico de pueblo”. Así se define él y así lo han considerado tres, cuatro generaciones de padres que lo eligieron como pediatra de sus hijos. A la antigua usanza, Alvaro Cortés, atendió desde el consultorio montado en su casa de City Bell hasta el último día de actividad: el pasado martes, cuando después de pensarlo unos meses, a los 75 años de edad y a 50 de haberse recibido de médico, colgó un cartel de confección casera debajo de la placa profesional, en la calle 13a Nº 640, en la que informa: “Cerrado por jubilación”.

Platense, se graduó en la facultad de Medicina de la Universidad de El Salvador en 1967. A partir de ahí trabajó en el Hospital de Niños de La Plata, una unidad sanitaria municipal, y en los consultorios externos de Ipensa. También fue ayudante diplomado en la cátedra de Pediatría de la UNLP.

De a poco fue desprendiéndose de esas diversas funciones y en 1975, después de dos años de haberse mudado con María Victoria, su mujer “de toda la vida”, y los primeros de los seis hijos que tuvo el matrimonio, a una casona frente a la Estación de City Bell, armó la consulta en su casa. En los ´90 dejó la “salita” y se quedó nada más que con la atención particular. Ese lugar del camino Centenario, emblemático para decenas de citibilenses que pasaban por la puerta y lo señalaban como el consultorio de “Alvarito Cortés”, era un desfile incesante de niños (desde bebés hasta jóvenes casi adultos que si no los afectaba algún problema específico seguían atendiéndose con él). En 2008 se cambió a la calle 13a entre 466 y 467, donde también conjugó su rutina doméstica con el consultorio hasta ahora, que resolvió retirarse.

“ENORME TRANQUILIDAD”

Cuentan distintas generaciones de padres (alcanzó a atender en un caso a la bisabuela, la abuela, y la madre de un pequeño paciente) que tener a Cortés como pediatra representó una “enorme tranquilidad”. Y es que, dicen, “lo podíamos despertar a la una de la mañana y nos atendía”. Otro detalle que se le solía destacar como profesional de la medicina era que explicaba los diagnósticos “de manera que todos pudiéramos entender”. El señala hoy que “traelo” o “traela” era una de sus palabras de mayor uso cotidiano. “Siempre traté de no alarmar, de no decir más de lo que tenía confirmado en un diagnóstico, pero si una mamá me llamaba y la percibía muy preocupada le decía que trajera a su hijo”, subraya. En su rutina era habitual que después de atender a una decena de chicos en su consultorio tuviera que salir a cumplir con algún domicilio. “Eso se estilaba; ya no y no sé muy bien por qué”, añade.

“La experiencia no es lo único que cuenta. También hay que poner mucha energía”

 

En tantos años de carrera, de una labor que exigió actualizaciones constantes, fue testigo directo de los avances científicos y tecnológicos que fueron transformando la manera de hacer la pediatría. Si se remonta a sus comienzos en la práctica, recuerda, por caso, que en sus inicios no se había desarrollado la neonatología y que eran los pediatras los que trataban a los recién nacidos; o que durante décadas lo más valioso fue la clínica, porque no había más que radiografías y algunos estudios de contraste como medios de diagnóstico. “Si un chico se agarraba una enfermedad infecciosa había dos o tres antibióticos para suministrarle, en la actualidad hay tanto disponible y tan variado y específico que se tiene que ocupar un infectólogo”, ejemplifica.

Cuando se le pregunta por los grandes maestros de la pediatría menciona al porteño Carlos Gianantonio, quien además de ocuparse de las enfermedades crónicas infantiles se dedicó a la investigación (hizo importantes aportes sobre el síndrome urémico hemolítico). Ni hablar de la admiración que le despierta un “local”, el reconocido Luis García Azzarini, toda una institución platense en la especialidad.

Tomar la decisión de retirarse no le resultó sencillo, pero la lucidez que lo acompañó en tantos años de actividad lo guió también en esta etapa de la vida, porque está convencido de que en una tarea como la que desplegó “la experiencia no es lo único que cuenta; también hay que poner mucha energía, y con los años eso se pierde un poco”.

El doctor Cortés no tiene planes en lo inmediato más que descansar en su apacible casa con gran parque de City Bell y disfrutar de la nutrida vida familiar que le ofrecen María Victoria, sus 6 hijos, 10 nietos y 3 bisnietos.

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