El Mundo

Quedó tetrapléjico tras comerse una babosa por una apuesta que realizó con sus amigos

La vida de Sam Ballard cambió drásticamente después de realizar una apuesta con sus amigos que, en principio, parecía inofensiva: comerse una babosa.

¿A que no te la comés? Fue la chicana que alentó al joven australiano que jugaba al rugby en Sidney y a quien aquel desafío que le propusieron en 2010 dejaría tetrapléjico.

Si bien la ingesta de la babosa no suponía ningún riesgo, el ejemplar que Sam ingirió se encontraba infectado por un parásito conocido como Angiostrongylus cantonensis, lo que le provocó meningoencefalitis eosinofílica que lo dejó en coma por más de un año.

Katie Ballard, su madre, se mantuvo esperanzada durante mucho tiempo. Soñaba con que su hijo recupere el habla y pueda volver a caminar, pero eso nunca ocurrió. Su hijo logró salir del hospital tres años después, en silla de ruedas, obligado a ser alimentado por un tubo y con la necesidad de que alguien lo cuide las 24 horas del día.

"Está devastado, cambió su vida para siempre y también cambió mi vida para siempre. Es enorme. El impacto es enorme", reconoció la madre con dolor.