A la hora de ahorrar, las góndolas de la periferia platense son más amables con el bolsillo que las del casco fundacional. Así lo muestra un minucioso relevamiento realizado por una ONG platense, que analizó los precios de productos alimentarios de consumo masivo en cada una de las localidades del partido, y concluyó que alejarse un poco del Centro, en tiempos de incertidumbre económica, puede redituar en una canasta básica menos costosa.
El informe, elaborado a mediados de agosto, antes del último cimbronazo del dólar, contó con el aporte de supermercadistas, la Unión de Comerciantes Minoristas de La Plata y varios especialistas en temas de defensa del consumidor. “Sus testimonios fueron un soporte fundamental para interpretar los factores y variables que producen los distintos precios de los productos que fueron seleccionados para comparar”, explica Pablo Parente, coordinador del programa de Desarrollo Local de la Fundación Milenio, responsable del trabajo.
La recolección de datos fue efectuada por medio del relevamiento de veintisiete hipermercados y supermercados (tanto de grandes cadenas como comercios barriales que cuentan con carnicería, verdulería y panadería) en Tolosa, Ringuelet, Gonnet, City Bell, Villa Elisa, Gorina, Hernández, Melchor Romero, Lisandro Olmos, Los Hornos, Villa Elvira y el Casco. En paralelo, se midieron dos canastas: una integrada con productos de primera marca, y otra con etiquetas alternativas o “segundas marcas”.
El conjunto relevado, en base a los parámetros que sugiere el Monitor Social del Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales, incluyó un litro de leche larga vida; un kilo de arroz; un kilo de pan francés; un kilo de azúcar; un kilo de yerba; 50 saquitos de té; un frasco chico de café (170 gramos); un paquete mediano de galletitas surtidas (400 gramos); un litro de aceite mezcla comestible; un kilo de harina; un paquete de tallarines (medio kilo); un pan de manteca; un kilo de carne picada común; un kilo de pollo (patamuslo); un kilo de pechito de cerdo; una docena de huevos blancos; un kilo de papa sin lavar; un kilo de tomate; un kilo de lechuga criolla; y un kilo de cebolla.
Adquirir esta canasta, en su versión de primeras marcas, cuesta en promedio unos $1.271. Alcanza su pico en el casco histórico, con $1.480, y su piso en Joaquín Gorina con $1.095; esto implica que quienes se abastecen en Gorina ahorran más de un 35 por ciento en esta canasta alimentaria que los vecinos que no salen del ejido fundacional
Entre esos extremos se encolumnan City Bell ($1.477); Los Hornos ($1.397); Tolosa ($1.355); Manuel B. Gonnet ($1.282); José Hernández ($1.271); Villa Elvira ($1.234); Villa Elisa (S1.195); Lisandro Olmos ($1.184); Ringuelet ($1.156) y Melchor Romero ($1.136).
A la hora de evaluar las segundas marcas, las diferencias en el costo promedio de la canasta son sustanciales: da $481,25, un 62 por ciento menos que con los productos de las etiquetas más conocidas. En ese contexto, el Casco sigue teniendo la más cara, con $667, y la más accesible se encuentra en Olmos con $429. Entre estos dos puntos de la geografía platense, la diferencia es del 55,5 por ciento.
De mayor a menor, la lista también incluye a Villa Elisa ($615), Tolosa ($612), Los Hornos ($561), Gonnet ($513), City Bell ($507), Villa Elvira ($501), Gorina ($476) y Ringuelet ($442).
Desde la Cámara y la Federación Argentina de Supermercados se advierte que “de acuerdo con las últimas mediciones del comportamiento de la demanda, en los últimos tiempos, las que más se destacan por su avance son las marcas de segundo orden, no las líderes”. Fernando Aguirre, vocero de la entidad, precisa que “la gente pasa de la marca líder a la segunda, a la tercera o a la marca propia de los supermercados. Es una tendencia que se percibe fuertemente”.
CAÍDA DE VENTAS Y PRESIÓN IMPOSITIVA
“Existe una venta pareja entre los productos de la canasta de primeras y segundas marcas” revela Hugo Mollo, el experimentado propietario de un tradicional supermercado de Olmos, quien admite que en los meses recientes se vio obligado a achicar su plantel de empleados, “como consecuencia de la caída en las ventas y la alta presión impositiva”.
“Con los precios que manejamos, se hace imposible que podamos adherir a las promociones del Banco Provincia del 50%” asegura Mollo. El gerente de la Unión de Comerciantes Minoristas de La Plata, Iván Figueroa, destaca que “según nuestros registros, hay una fuerte caída de la actividad desde el mes de marzo que ya acumula un 40 por ciento; se vienen cerrando muchos almacenes, reconvirtiéndose en comercios barriales más chicos de manera informal. En mi comercio, en Los Hornos, hay gente que ya hace la compra del día con tarjeta y la paga en 2 cuotas”.
También de Los Hornos, Carmelo Vaccaluzzo es propietario de uno de los supermercados de mayor envergadura de la localidad del sur platense. Sostiene que su comercio padeció una caída de sus ventas, respecto de 2017, de un 8%, que vincula con la caída del poder adquisitivo de los salarios. Y señala que en su facturación seis de cada diez ventas se hacen ya con tarjetas de crédito.
“Entre fines del año pasado y lo que va de éste tuve que prescindir de los servicios de ocho trabajadores” se lamenta Vaccaluzzo.
En segundas marcas, la variación de precios entre productos iguales puede llegar a 174%
Otro dato que se descubre al relevar la encuesta de la Fundación Milenio es la diferencia de precios existente para un mismo producto, de la misma marca, entre las góndolas de los diferentes supermercados de la Ciudad; puede llegar al 80% en ítems como fideos, yerba, harina o carne picada. Roberto Daoud, quien fuera director de la oficina de Defensa del Consumidor local, explica que “las causas de esa diferencia de precios pueden ser varias, pero principalmente tiene su influencia la característica de nuestro mercado, que no se mueve por la lógica de la oferta y la demanda, sino principalmente por las características distorsivas producidas por una alta concentración económica, que termina en la formación de precios y la desigual competencia con los comercios y productores más chicos”.
En las segundas marcas, la variación de precios entre productos iguales puede llegar hasta el 174,60 por ciento. Jorge Foschini, supermercadista de City Bell, afirma que “existe una gran variación de precios en los mismos productos, lo que se da por el poder de compra que se tenga”. Y agrega que “la gente se fija mucho los precios, elige y compara en forma permanente”.
“A veces, algunos productos están más altos que la media para compensar una rebaja de un producto complementario, y esto responde a la estrategia de comercialización que dispone cada comercio” aclara Mollo: “por ejemplo, los hipermercados muchas veces incrementan los precios para amortizar los descuentos que hacen las tarjetas de crédito”.
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