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Más respeto y empatía

Por PAULINA MOLINARI ROSSI (*)

Hay cambios en las actitudes de las mujeres que nos posicionan ante la mirada de les otros, como a la defensiva o a la ofensiva, pero el cambio actitudinal, principalmente radica en correrse de los lugares de pasividad, hacia las respuestas desde lugares activos: discursivos, corporales, denunciantes, etc., y abarcando las cotidianidades, en los planos públicos y privados de la vida: en las familias, los trabajos, las instituciones educativas, las organizaciones políticas/sociales. No escapan a esto las relaciones interpersonales, laborales, de amistad, familiares, o sexoafectivas.

Los feminismos apuntan a cuestionar muchísimas caras de las maneras comunes de relacionarnos, y quizás una de los más intensos cuestionamientos sea hacia la idea del amor romántico, como principal regulador de las relaciones sexoafectivas, que nos ha posicionado desde hace siglos en lugares de dependencia, sumisión y pasividad frente al varón que “sabe, puede, hace y tiene”, mientras nosotras “necesitamos de ellos “ para “saber, poder, tener y ser”.

En estos feminismos de crítica y praxis, se empiezan a validar nuevas maneras de vincularse, más respetuosas, mas empáticas y honestas, por lo que no va quedando espacio para los viejos y casi vencidos discursos y prácticas del amor romántico, en los que siempre el varón tiene una posición de poder sobre las mujer, a veces no por maldad, si no porque así esta establecido y pactado socialmente.

De ninguna manera los feminismos conspiran contra la seducción. Se plantean nuevas maneras de seducir en las que no se toleran los excesos. Ahora podemos identificar cuando la seducción se convierte en acoso o abuso (de poder, sexual, o de otras índoles) porque aún hay quienes no se corren del lugar tradicional por no entender que “no es no” y que el “no” nunca fue “sí”.

Intentar seducir a mujeres conscientes de todo esto, sin querer escuchar sinceramente las proclamas y reclamos, negándolos, minimizándolos, u omitiéndolos, ubica a quienes lo hagan en un lugar desfasado sociohistóricamente.

Nosotras estamos haciendo nuestra parte de la transformación a la enorme velocidad que nos exige el deseo de querernos vivas y libres, mientras que los varones, van al ritmo de quienes deben salir de su zona de confort.

Entonces el desfazaje al momento de la seducción es real, las mujeres feministas buscamos relacionarnos de manera respetuosa, libre, horizontal, y los varones no están prácticamente viendo, los privilegios con los que cuentan y a los que deben rechazar para establecer relaciones de igualdad.

(*) Antropóloga

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