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Calentamiento global: la preocupación comienza a calar en hábitos cotidianos

Desde un mayor compromiso con los residuos hasta cambios en la alimentación, cada vez son más las personas que adoptan pequeñas prácticas para no contribuir con la crisis ambiental

Calentamiento global: la preocupación comienza a calar en hábitos cotidianos

Karen Monmany - “ Además de separar en casa la basura reciclable, empecé a ocuparme también de enseñarle desde chiquita a mi hija que muchas cosas se pueden reutilizar. Cuando vamos al supermercado con ella me traigo cajas y las forramos juntas para que ella guarde sus cosas. Y como sé coser, también reciclo la ropa que no puedo regalar: hago repasadores y convierto toallones en toallas más chiquitas para que sigan teniendo utilidad”.

Nicolás Maldonado

Por: Nicolás Maldonado
nmaldonado@eldia.com

17 de Noviembre de 2019 | 02:30
Edición impresa

Cuando hace unas décadas comenzó a hablarse de efecto invernadero y calentamiento global, la posibilidad de que estos fenómenos impactaran en nuestra vida cotidiana parecía tan remota que muchos creían que no lo llegarían a ver. Pero a medida que los eventos meteorológicos extremos se vuelven más frecuentes y los científicos reúnen más información, ese futuro de colapso ambiental parece encontrarse cada vez más cerca; casi a la vuelta de la esquina, en 2030 según las proyecciones que se manejan hoy.

“El tiempo se acaba” y es necesario “actuar ya”, salió a advertir hace diez días una coalición mundial de 11 mil científicos. Su mensaje de alerta surgió luego de una investigación presentada por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU, según la cual el aumento de temperatura que se viene registrando en todo el planeta desde el inicio del período industrial podría superar la fatídica marca de 1,5 grados en apenas 12 años, lo que conllevaría a una catástrofe global.

De no revertirse esta tendencia con medidas de fondo para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, ya a partir de 2030 las inundaciones, sequías extremas, incendios forestales y pérdidas de cultivos harían que gran parte del planeta se vuelva inhabitable, aseguran expertos de Naciones Unidas, que reclaman tanto un cambio de actitud de los gobiernos como a nivel individual. “Los ciudadanos y los consumidores están entre los actores más importantes para evitarlo. Hay muchas acciones que sólo implican un poco de sentido común”, señalan los autores de la investigación.

Mientras que algunos se mantienen escépticos frente a las advertencias y otros se preguntan qué deberían hacer, cada vez son más las personas que comienzan a incorporar a su vida cotidiana pequeñas prácticas que hablan de un mayor grado de conciencia en relación a la crisis ambiental.

UN CAMBIO “CLAVE”

“Aunque en general suele asociarse al calentamiento global con el CO2 producido por el transporte (con combustibles fósiles), el gas metano tiene un impacto sobre el efecto invernadero mucho mayor. Y una de las principales fuentes de metano es precisamente la industria ganadera”, cuenta Yamila Abalo, que se hizo vegana hace dos años y sostiene que “si hubiera una mayor conciencia del costo ambiental que están teniendo pequeñas acciones, como comer carne o usar cubiertos descartables, mucha más gente lo dejaría de hacer”.

Oriunda de Puerto Madryn y platense por adopción, Yamila, que tiene 27 años, comenzó a participar este año de Extinction Rebellion un movimiento pacífico de desobediencia civil cuyo objetivo es influir a los gobiernos demandando que digan la verdad sobre el cambio climático, que actúen ahora y que abran espacios de participación para la comunidad. Si bien su activismo está enfocado a la responsabilidad de los Estados, ella le asigna a su vez un lugar muy importante al cambio de conducta individual.

“Ese cambio es la clave para poder pasar de una cultura degenerativa, como la que tenemos ahora, a una cultura regenerativa –sostiene Yamila-. Para eso se requiere que cada quien tome conciencia de cómo impactan sobre el cambio climático las decisiones de todos los días, desde qué cosas consumimos hasta qué medios elegimos para viajar”.

También Héctor Fernández, que tiene 19 años y estudia Matemáticas en la UNLP, comenzó este año a participar activamente en un movimiento contra el contra el calentamiento global, “Jóvenes por el Clima” La Plata. Fue la historia de Greta Thumberg, la adolescente sueca que denunció a los líderes del mundo por su inacción, lo que, según cuenta, lo llevó a tomar la decisión de involucrarse más.

“Este año empecé a reducir el consumo de plásticos: no uso cubiertos descartables y llevo bolsa de tela cuando hago compras. Además trato de reciclar todos los envases plásticos que desecho en ecobotellas que entrego en centros de acopio donde la convierten en `madera plástica` para construir muebles”, cuenta Héctor, quien suele compartir su experiencia en Instagram para que otras personas lo hagan también.

Algo similar le pasó también a Karen Monmany, quien reconoce que siempre le preocupó el cambio climático y venía compartiendo información sobre el tema en las redes, pero que fue recién este año, después de ver horrorizada los incendios en la selva amazónica, que sintió la necesidad de hacer algo más. “Necesitaba contactarme de gente que sintiera como yo que no podemos seguir esperando a ver qué pasa, que hay que actuar ahora”, dice Karen, que tiene una hija de tres años y le da “miedo el planeta que les vamos a dejar a los de su generación”.

“Además de separar en casa la basura reciclable, empecé a ocuparme de enseñarle desde chiquita a mi hija que muchas cosas se pueden reutilizar. Cuando vamos al supermercado con ella me traigo cajas y las forramos juntas para que ella guarde sus cosas. Y como sé coser, también reciclo la ropa que no puedo regalar: hago repasadores y convierto toallones en toallas más chiquitas para que sigan teniendo uso”, explica Karen, quien a su vez participa en Extinction Rebellion.

Reciclar, evitar el uso innecesario de plásticos y consumir menos productos de origen animal son algunas elecciones más comunes que se observan entre quieren evitar contribuir con sus acciones al calentamiento global. Pero existen otras posibilidades igualmente a mano como minimizar el uso del auto particular caminando, usando el transporte público o manejándose en bicicleta; aprovechar al máximo la luz natural para reducir el consumo de electricidad; desenchufar los electrodomésticos con función “stand by” cuando no se los usa; minimizar el uso del aire acondicionado y optar por abastecerse con alimentos de estación que se produzcan en la región, por citar algunas ejemplos que pasan por un cambio de conducta individual.

UNOS Y OTROS TAMBIEN

Sin dejar de reconocer que “el compromiso y las acciones individuales son determinantes para frenar el calentamiento global”, Horacio De Beláustegui, presidente de Fundación Biosfera, una de las primeras organizaciones civiles fundadas en La Plata en torno al calentamiento global, sostiene que “no se deber cargar toda la responsabilidad sobre los ciudadanos”. “Para lograr una verdadera transformación hace falta que también los gobiernos, las empresas y las organizaciones de la sociedad civil se involucren y trabajen en conjunto –dice-. No sirve que el esfuerzo sea de unos y de los otros no”.

“No sirve de mucho que las personas traten de no usar su auto cuando el transporte público no funciona o funciona en forma ineficaz.; y lo mismo con el sistema de separación de residuos en origen; para que dé resultados el Estado tiene que garantizar que el servicio de recolección selectiva funcione correctamente para que no se termine tirando toda la basura en el mismo lugar”, señala De Beláustegui mencionando un reclamo formulado de manera recurrente por vecinos de distintos sectores de la Ciudad.

“Los gobiernos y las organizaciones tienen por su parte la responsabilidad de educar en el tema a las personas para que tomen consciencia del problema que enfrentamos. Y para educar hace falta ponerse como modelo de buenas prácticas”, dice el presidente de la Fundación Biosfera, quien señala que “no se le puede pedir a la gente que ahorre electricidad en su casa cuando muchas dependencias públicas no lo hacen y suelen verse torres administrativas enteras con las luces encendidas hasta la noche porque no se organizan para que la limpieza se haga de un piso por vez”.

“Los gobiernos deberían además estimular las buenas prácticas en material ambiental con normas que las favorezcan –agrega De Beláustegui-. Además de pedirle a la gente que economice la calefacción sería interesante que se reconociera de alguna forma a las empresas constructoras que incluyen en sus edificios buenos sistemas de aislamiento para evitar gastos innecesarios de energía tanto para calefaccionar como para enfriar”.

Marcha
La Alianza por el Clima La Plata, una coalición de organizaciones nucleadas en torno al calentamiento global, convoca a vecinos e instituciones a sumarse el próximo viernes 29 a la 4º Marcha Mundial contra la Crisis Climática, que partirá a las 15:30 desde la plaza Moreno.

 

 

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Karen Monmany - “ Además de separar en casa la basura reciclable, empecé a ocuparme también de enseñarle desde chiquita a mi hija que muchas cosas se pueden reutilizar. Cuando vamos al supermercado con ella me traigo cajas y las forramos juntas para que ella guarde sus cosas. Y como sé coser, también reciclo la ropa que no puedo regalar: hago repasadores y convierto toallones en toallas más chiquitas para que sigan teniendo utilidad”.

Yamila Abalo “ Hay un desconocimiento muy grande de que el hecho de consumir carnes, lácteos y demás productos de origen animal también contribuye al desastre ambiental que enfrentamos hoy”.

Héctor Fernández “ “Este año empecé a reducir el consumo de plásticos: no usos cubiertos ni vasos descartables, llevo bolsa de tela cuando hago las compras y trato de reciclar todos los envases plásticos que desecho en ecobotellas”.

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