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Equipo de investigadores

Con la ayuda de un anestésico consiguen reducir los recuerdos selectivamente

Según el estudio, así se ayudaría a tratar el estrés postraumático (TEPT) de una manera efectiva y no invasiva

Con la ayuda de un anestésico consiguen reducir los recuerdos selectivamente

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Un equipo internacional de investigadores ha demostrado que si se aplica un anestésico poco antes de evocar un recuerdo desagradable o estresante, es posible modificar la memoria y borrar selectivamente ese recuerdo, lo que ayudará a tratar el estrés postraumático (TEPT) de una manera efectiva y no invasiva.

El estudio, publicado en Science Advances, ha sido liderado por el director del laboratorio de Neurociencia Clínica del Centro de Tecnología Biomédica de la Universidad Politécnica de Madrid, Bryan Strange, quien realizó la investigación en colaboración con Ana Galarza, del mismo centro.

Según el Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados Unidos (NIH), alrededor de 7 u 8 de cada cien personas sufren estrés postraumático en algún momento de su vida, sobre todo las mujeres.

El estrés postraumático se produce cuando una persona vive o presencia una situación impactante, peligrosa o terrorífica. Esta respuesta natural del organismo provoca cambios en el cuerpo para responder al peligro inminente y para evitarlo en el futuro.

Sin embargo, aunque la mayoría de las personas se recuperan de forma natural, en algunos casos, este trastorno puede “incapacitar o a limitar el día a día de una persona”, detalla en declaraciones a Efe el británico Bryan Strange, también director del departamento de neuroimagen de la Fundación Centro de Investigación de Enfermedades Neurológicas.

Actualmente, el TEPT se trata con psicoterapia, medicamentos o la combinación de ambos pero estudios recientes en animales han demostrado que la memoria no es algo rígido, sino que se puede modificar durante la “reconsolidación” de los recuerdos.

cuatro pasos

La memoria se construye siguiendo cuatro pasos: el aprendizaje, la consolidación de lo aprendido, el recuerdo -cuando evocamos lo aprendido-, y la reconsolidación, una fase determinante para consolidar los recuerdos adquiridos o borrarlos de la memoria.

“La reconsolidación nos da un posible portal para acceder a memorias negativas. Si tienes un accidente de tráfico, te podría producir ansiedad la próxima vez que coges el volante y podría suceder que no quieras conducir un coche, aunque de ello dependa que vayas al trabajo o lleves a tus hijos al colegio. Si hay una manera de reducir la memoria del accidente, podríamos ayudar a esa persona”, explica Strange.

En 2014, Strange publicó en “Nature Neuroscience” los resultados de un estudio con pacientes con depresión severa que recibían tratamiento con terapia electroconvulsiva (TEC) y que demostraba que se podían borrar recuerdos de manera selectiva antes de aplicar la descarga eléctrica.

El estudio presentaba dos limitaciones importantes: se hizo con pacientes con un trastorno psiquiátrico severo con rendimiento de memoria reducido -así que no se sabía si funcionaría con personas mentalmente sanas- y utilizaba una técnica que producía cambios en el cerebro pero de una manera más invasiva (la TEC) que se aplica con anestesia general.

“Sin embargo, de ahí surgió la idea de que tal vez la anestesia fuera parte responsable del bloqueo de la memoria”, afirma Strange. En colaboración con expertos del Hospital Clínico San Carlos, Strange hizo un nuevo estudio para averiguar si la sedación podría interrumpir la reconsolidación de la memoria -y los recuerdos negativos- y para ello utilizó a un grupo de cincuenta pacientes que tenían previsto someterse a una endoscopia, prueba que se hace bajo sedación profunda inducida con propofol.

Los voluntarios vieron diapositivas de dos historias con contenido emocional (un accidente de coche y un secuestro), las dos con un inicio neutro, una parte intermedia ‘emocional’ en la que tenía lugar la acción, y un final que volvía a ser neutro.

Antes de recibir una dosis intravenosa de propofol para la endoscopia, los pacientes volvían a ver la primera diapositiva de una de las dos historias que habían aprendido una semana antes.

Veinticuatro horas después de la prueba, los pacientes no solo mostraban problemas para recordar la historia rememorada antes del fármaco, sino que además “tenían serias dificultades para evocar la parte más emocional de la historia”, destaca.

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