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Inclusión y emoción en el deporte: el karateka platense que fue ovacionado de pie en Japón

POR: NICOLÁS LAMBERTI

 

Javier Joaquin López tiene Síndrome de Down y con 44 años cumplió su gran sueño: participar de uno de los seminarios más importantes del karate nada más ni nada menos que en Japón, cuna de la disciplina, y junto a colegas de todas partes del mundo.

“Javo” como lo llaman en su entorno, fue el único competidor con discapacidad dentro del evento que conmemoró el 65° aniversario del fallecimiento del creador del Goju Ryu, Miyagi Chojun, y fue ovacionado de pie, como pocos, tras su demostración.

Pero no sólo eso, sino que en la noche previa al regreso y en la cena de camaradería en un lujoso hotel de Okinawa, Javier tuvo otro premio que era inesperado: recibió la revalidación de 1° Dan envuelto en un cerrado aplauso de varios minutos.

"Hubo muchos países en el Karate Kaiken, me encantó, los karatecas nos trataron muy bien a los dos ( a él y a su padre), buena onda, me quieren", le contó el propio Javier a EL DIA

Y Eduardo, su papá, orgulloso y emocionado, desarrolló la experiencia que vivieron juntos en tierras asiáticas.  "Había karatecas de Asia, América, Europa y África y la única persona con discapacidad fue Javier entre cientos. Fue un privilegiado absoluto y el gesto que más lo puso en evidencia fue cuando todos los karatekas se formaron en unas gradas del increíble estadio “Karate Kaiken”. Javier se quedó, tímido, en un costado, afuera de la foto general, hasta que fue llamado al centro de todos y recibió la mano del maestro (foto)”.

El último día, cada delegación, por país, hacía sus demostraciones en el estadio delante del público y recibía aplausos, el de Javier, sin duda fue el más nutrido y recibió aplausos de todo el estadio. Llamó la atención que el dirigente de la delegación de Sudáfrica cruzó todo el estadio entre la multitud de karatecas para ofrecerle un gran abrazo (final del video)”.

Si bien “Javo” se inició en el mundo del deporte a través de la natación, encontró en el karate lo que estaba buscando: una disciplina que promoviera la camaradería entre personas que puedan desarrollarse en lo suyo sin la necesidad de parecerse. Hacerlo a su modo, en la medida de lo que pueda y que además cultivara el autocontrol físico y mental.

Comenzó su carrera en el Centro de Fomento de Gonnet hace ya más de 25 años, continuando posteriormente en el gimnasio La Estación de Ringuelet y después en un complejo de Tolosa hasta que finalmente su profesor Pablo Scurzi edificó el clásico “Dojo” (lugar de meditación y práctica de las artes marciales ) en Gonnet, donde hoy continúa. 

Y fue su profe, quien también dialogó con este medio, y explicó las sensaciones que vivió junto a Javier en un viaje inolvidable.

Fue un seminario que se realiza cada 5 años, y se conmemora la muerte del fundador del estilo y el nacimiento del Dojo Jundocan en Okinawa, al sudeste de Japón, y ahí fuimos con Javier. Era la primera vez que él viajaba y formaba parte de esa gran clase de karate que la dan los más grandes de la disciplina.  Javier hizo un papel excelente y al final de la ceremonia hicimos una demostración para el Gobernador y para la TV, y Javier fue ovacionado. La gente se paró, y lo ovacionó de pie. Y nosotros no estamos acostumbrados a esa expresión de afecto”, confesó el profe.

Y además contó el especial momento en el que le otorgaron el gran premio: “Esa misma noche, que fue domingo, último día del seminario, se hizo una cena de camaradería y se entregan reconocimientos. Y Javier recibió en mano, su oficialización de su grado de 1° Dan sin tener que rendir, sino que completamente de manera honorífica. Un reconocimiento enorme de los maestros de Okinawa, con Javier y también con Argentina”.

"Él volvió muy contento y para nosotros fue un gran orgullo. Javo fue muy bien recibido por el mundo, porque había gente de todo el mundo", subrayó.

 

UN VIAJE LARGO PERO CON EMOCIONES Y APRENDIZAJES

“Fueron 36 horas de ida y otras tantas de regreso, con cuatro cambios de avión, ida por Houston y Tokio,  regreso por Shangai, tren bala a Pekin, New York, y 20 días de costumbres muy diferentes en comidas, en relación con las personas, tanta amabilidad de los karatecas con Javier y tanta emoción inesperada que nos hizo cometer errores groseros”, contó Eduardo.

Y uno de esos errores terminó volviéndose una anécdota que tras la vergüenza que pasaron en ese momento, hoy se convirtió en sonrisa.

“Tuvimos un gesto imperdonable, que fue en la fiesta de culminación del encuentro donde entre los karatecas reconocidos con un diploma estuviera Javier. Le pedimos a la persona que hacía de interlocutora y que otorgaba las distinciones y también a su esposa que posaran para una foto con nosotros. Y  como esa señora fuera extremadamente amable con Javier todos los días durante una semana, me acerqué a ella y le di un beso en la mejilla. Un horror para el esposo, tremenda falta de respeto, todavía lo siento y les escribí disculpándome. En Japón el respeto se manifiesta con reverencias a dos metros de distancia”.

Pero más allá de este “paso en falso” Javier pudo aprender muchas cosas y él mismo las describió: "Me encantó el hotel, el desayuno con sopa estaba rico, el baño del hotel estaba bárbaro. Me encantó Japón, autos modernos, no hay camionetas, el tren monorriel, nadie habla. Es lindo salir a comer a la noche y al mediodía. Y también me gustó salir a hacer compras para comprarle regalos a Mamá"

ORGULLO DE SU MADRE

Esa mamá a la que Javier le compró regalos se llama Marta, quien además de Javo también tiene otros cinco hijos, a los que supo criar con Eduardo, superando diferentes dificultades pero con el amor y el cariño que fueron recibiendo de mucha gente amiga. Además, tanto Marta como su marido, son voluntarios en el Taller donde trabaja Javo.

Javi es el último de mis seis hijos, tres mujeres y tres varones. Supe de su discapacidad cuando nació, sin que nadie me lo dijera, solo días después me lo fueron confirmando los médicos.  Ayudó a superar la situación el hecho de tener una familia numerosa, ya éramos ocho. Y además se dio la posibilidad de viaja a Necochea por un trabajo de mi esposo y ahí la contención se amplió a la relación con familias por intermedio de la escuela y el grupo de Boys Scout de los cuatro hermanos mayores. Y con esta gente aún mantenemos una relación afectiva después de más de 40 años

"La contención en esa  ciudad mediana fue muy efectiva, nos atendieron profesionales actualizados en estimulación temprana que recién la aportaba al país un centro terapéutico de Bs.As (Coriac) al que viajábamos cada 15 días a que nos dieran un programa para los profesionales locales”, contó Marta.

Por último, contó con orgullo cómo es Javier y todo lo que les regala día a día: “Somos voluntarios en el taller Protegido Los Tilos, donde trabaja Javier, y desde ahí procuramos brindar nuestra experiencia y comunicar las enormes satisfacciones, el cariño y compañía que él nos regala  cada día. Debo decir que es muy colaborador en todo, desde jardinería a lavar los platos, tiene un excelente carácter, jamás hay peleas, es muy generoso, difícilmente se queje, la sonrisa es muy frecuente en su cara y es muy compañero con su papá”.

 

EL DÍA A DÍA DE JAVIER

Desde que dejó  la escuela, Javier se integró al taller Protegido Los Tilos, que es la única fábrica de cajas de cartón de la zona. Su padre contó que allí, Javo se desempeña “como operario y realiza varias tareas, cuenta la mercadería y hace paquetes de 20 cajas de cartón, las reúne a mano o con máquina, opera una maquina troqueladora, participa rotativamente en limpiezas y en reparto de cajas con la camioneta del taller por casas de pastas y pizzerias desde Villa Elisa hasta Berisso”.

Y además contó que con muchos de sus compañeros de trabajo “ha compartido fiestas, recitales, salidas  y viajes como a Córdoba , Villa Gesell y recorridas por Buenos Aires”.

Javo se levanta a las 7 de la mañana, “sin despertador”, aclara Eduardo y agrega que “se apodera del  suplemento deportivo de EL DIA, que lee religiosamente siguiendo las noticias de Estudiantes, porque es muy hincha. Los lunes, miércoles y viernes acude sin falta a sus clases de karate”, cerró el papá de un deportista que cumplió  el sueño de su vida. Javo no se puso barreras, la sociedad tampoco se las puso, y en la tierra de la disciplina que eligió, fue ovacionado como pocos.
 

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