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Moda en pandemia: crisis y oportunidad

Del shock a la capacidad de adaptación con el uso de Internet, la sustentabilidad y colecciones aptas para trabajar desde casa, la industria textil supo moverse en este año tan particular

Michael Kors vende tapabocas de lujo
Gucci tiene prendas cómodas y urbanas
Una producción de fotos de Balmain, donde los cuidad por el COVID son muchos
La firma Desigual y una producción innovadora, casual y con reutilización de prendas

Por MATILDE CARLOS
vivirbien@eldia.com | @tendenciera

El año 2020 será recordado por muchos motivos, sin dudas. En el campo de la moda, la industria tendrá en su haber la demostración de una interesante capacidad de adaptación y una flexibilidad para con la nueva realidad que no resulta poca cosa. Los tiempos se aceleraron en cuanto al avance de nuevos paradigmas y los conceptos como “sustentabilidad”, “venta online” o “slow fashion”, entre otros, comenzaron a abandonar su condición de nicho para abrazar una creciente aceptación popular.

Permanecer puertas adentro permitió revisar hábitos de consumo y comprar responsablemente

Cuando en febrero de 2020 finalizaron los eventos de las Semanas de la Moda del Hemisferio Norte ya se oían las voces que alertaban sobre los peligros del avance del COVID-19, y a los pocos días se declaró la pandemia poniendo un enorme botón de pausa a la actividad económica mundial.

La semana de la moda de Shanghai tuvo que suspenderse y como si fuera la pieza insignia de un juego de dominó, todas las fichas cayeron a partir de allí. No se hizo la Gala del Metropolitan Museum de New York ni se llevaron a cabo las presentaciones de México Fashion Week. Pero lo peor en cuanto a expectativas insatisfechas estaba por venir: la tan esperada Semana de la Moda Couture que se realiza en París a fines de junio también colgó el cartelito de “suspendido por pandemia”. Y a partir de allí comenzaron a soplar los vientos de cambio.

Los fashion films sustituyeron a los desfiles con ideas creativas y de gran valor artístico, las firmas top recurrieron a sus depósitos y desempolvaron materiales antes descartados para resignificarlos en nuevas y acotadas colecciones; la revalorización de lo nacional por sobre las importaciones se impuso a fuerza de mercados cerrados; en fin, se hizo real el viejo slogan del mayo francés: “la imaginación al poder”.

Y si la Haute Couture, la madre de todas las industrias de la moda tomó estas medidas, cómo no derramar el ejemplo hacia otros campos del sector. Así que en todos lados florecieron respuestas novedosas a la ausencia de las tradicionales pasarelas y la rueda siguió girando. Nunca olvidaremos las marionetas impecablemente vestidas que Jeremy Scott hizo desfilar para Moschino en una pasarela miniatura con celebridades de cartón en el infaltable front row.

Por otra parte, la tan mentada tendencia hacia la sustentabilidad encontró en esta crisis una oportunidad. Nunca como este año se puso de manifiesto la necesidad de avanzar hacia un consumo amistoso con el medio ambiente. La obligación de permanecer puertas adentro permitió revisar hábitos de consumo y comenzar a priorizar compras responsables y en lo posible, de calidad duradera para evitar los guardarropas hiperpoblados de prendas y accesorios innecesarios.

Los materiales nobles y la trazabilidad de los productos se volvieron temas a considerar a la hora de elegir y las firmas más importantes comenzaron a realizar acciones para acompañar esta movida; incluso rescatando viejas colecciones como una manera de demostrar que los diseños no pasan de moda y que las prendas pueden y deben lucirse en varias ocasiones. Dimos cuenta en esta columna de la propuesta couture de Balmain con creaciones de temporadas anteriores de la firma presentadas como si fueran de reciente elaboración. Todo un mensaje.

Con el confinamiento vinieron nuevas prácticas de consumo; el e-commerce se volvió LA manera de adquirir productos y marcas, y diseñadores debieron estar a la altura de las demandas del mercado. Lo que antes era visto con recelo o formaba parte de un consumidor de nicho, con el COVID-19 se volvió masivo; todo el mundo experimentó comprar algo de manera on-line. Tal es el impacto positivo de esta forma de comercialización que varias firmas optaron definitivamente por ella y dejaron algunos de sus locales como puntos de retiro o devolución. Sin dudas, las compras por Internet de alcance masivo llegaron para quedarse.

Y otra de las enseñanzas de la pandemia es que los nuevos hábitos laborales en casa exigen que estemos a la altura de las circunstancias; por ello muchas marcas y diseñadores comenzaron a proponer colecciones de prendas tipo confort style, con géneros como algodón y lino para ofrecer calidad en versiones aptas para la vida indoor. Así, las horas en zoom o meeting se transitan con looks que sin aparentar una formalidad imposible dadas las circunstancias, al menos ofrecen una buena y cuidada imagen en quien los luce.

Los fashion films sustituyeron a los desfiles con ideas creativas y de gran valor artístico

El uso de tapabocas también demandó una oferta que respondiera a la demanda, y es por ello que muchas marcas de diseño se volcaron a la producción de barbijos y regaron el mercado con propuestas de lo más variadas: desde las sencillas y funcionales hasta excentricidades lujosas para quiénes necesitan siempre ir un paso más arriba. Lo cierto es que sea en simples trozos de género o con diseños de avanzada, su utilización no está en duda y forma parte de la nueva realidad en que vivimos.

Estamos llegando a fines del 2020 y las novedades en cuanto a la superación de esta pandemia no son alentadoras. En Europa y Estados Unidos están recrudeciendo los casos y se endurecen las medidas de aislamiento obligatorio. Seguramente la moda volverá a acusar recibo de esta realidad; pero algo es seguro: ya nada nos tomará por sorpresa. Como algunas de las medidas y soluciones creativas a la crisis llegaron para quedarse, muchas de las situaciones reseñadas en esta columna se replicarán con nuevos protocolos y con la misma intención irrevocable de mantener viva esta industria que mueve la economía mundial.

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